Walter Benjamin

 

  el interpretador artículos/ensayos

 

Acerca de la rebelión envasada

Lecturas de Walter Benjamin en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA

Martín Yuchak

 

 

 

 

cuando todo se puede decir
la forma de censura es el consenso

(Hechos contra el decoro)*


Hay un gesto común entre los personajes más o menos públicos que se mueven en espacios institucionales, y que ocupan ciertos cargos en dichos espacios. Cuando les toca hablar de cierta relación entre la institución que habitan —la academia en este caso— y alguna temática de su especialidad, comienzan abriendo un paraguas cuya superficie está destinada a frenar posibles tormentas críticas hacia la posible contradicción entre su decir y su hacer. Tal es el caso de un Panesi o una Sarlo en su tratamiento de la obra de Walter Benjamin, a la cual intentan analizar en relación con las formas y ámbitos en que dicha obra circuló y circula, ya en tiempos alejados de los que fue producida. Se instalan ambos tratamientos de Benjamin en situaciones “discursivamente comprometedoras”. Complicadas desde el inicio, porque comienzan atacando los usos conceptuales que de Benjamin se ha hecho en el discurso académico, al cual ellos contribuyen desde hace muchos años en cuanto a su construcción. Entonces, antes que nada, la autorreferencialidad se impone, debe imponerse, como un imperativo ético. Oigamos a uno: “Ciertos trabajos de crítica académica (tales como el mío) presentan un aspecto vulnerable...”(1); y otra: “No puedo pretextar inocencia porque también me ocupo de estas cosas.”(2) Luego de admitir mis culpas, me autoabsuelvo y continúo.

Aquí van algunas de esas tormentas críticas nombradas más arriba que intentan traspasar el paraguas, pero no hacia una posible contradicción entre el decir y hacer de estos dos académicos, puesto que de hace rato sabemos que decir algo es hacer algo, que toda teoría es una práctica, sino hacia una posible contradicción entre el decir y decir, esto es, hacer y hacer.

Ambos (Sarlo mucho más recurrentemente, Panesi sólo para entrar en el tema de su análisis) denuncian un abuso académico de Benjamin. Se trata de la mezcla: ver Benjamin en todas partes o hacerlo la fuente de todo otro discurso. En un sitio: “...las palabras flâneur y flânerie se usan como inesperados sinónimos de prácticamente cualquier movimiento que tenga lugar en los espacios públicos.”(3) En otro: “Si repasáramos un índice de trabajos universitarios sobre Benjamin, podríamos comprobar el abuso retórico y hasta el compromiso casi imposible entre la obra de Benjamin y cualquier otro tópico...”(4) Pero aquí sus caminos se deslindan, porque Panesi va a seguir y a justificar este agenciamiento de Benjamin desde un territorio diferente, mientras que Sarlo se propone terminantemente salvar las categorías benjaminianas de la manipulación banalizante: “Deberíamos depositarlas en alguna parte y firmar el compromiso de no usarlas por un tiempo para darles la oportunidad de que se recobren.”(5) Y esto tiene que ver fundamentalmente con cuestiones epistemológicas ligadas al concepto de “institución”. El texto de Panesi, siguiendo a Derrida, se ocupa en parte de dicho concepto, lo cual lleva a reflexionar acerca de los discursos establecidos firmemente por las instituciones y sus posibles hibridaciones. Siguiendo esta línea, encuentra la unión entre Benjamin y la filosofía deconstructiva(6), en esa marginalización discursiva, por la tendencia de ambos a moverse siempre en terrenos fronterizos, de los cuales la frontera por excelencia es la que “separa” a la filosofía de la literatura: “La deconstrucción, en teoría, postula una acción institucional que es una política académica: en lugar de la fijación de límites discursivos (la división del trabajo en las disciplinas universitarias) tiende a la mezcla de los géneros, a la borradura de sus límites”(7). Programa académico altamente tentador para los amantes de la libertad de expresión dentro de las universidades. La moda de la teoría literaria lo impuso ya como un clásico y en nuestra bendita carrera de letras ya quedan pocos que no adhieran a él, ya que desde nuestro ingreso a ésta no se nos para de bombardear con sus conceptos ya casi canonizados, quien no los acepte es poco menos que un fascista. Entonces, todo se puede decir, y de todas las formas posibles, todo está permitido en este maravilloso claustro intelectual, todos los discursos y las lenguas devienen híbridas y nos divertimos todos de lo lindo hablando, charlando, causeriando(8) más texto escritura palabra frase verso differance... “¡ALTO!”, grita de lejos un lector de Walter Bemjamin, “¡es una trampa, un engaño de Belcebú!”. Acuerdo con este lector y traigo en su ayuda a un interesante (y no por eso menos divertido) párrafo de una revista de filosofía y teoría social perdida por nuestra facultad: “...tenemos también otro tipo de abordaje, más ´literario’, si se quiere. ¿Cómo opera? Con el método collage. Se recortan textos de diversas épocas (Cornelio Saavedra, Deán Funes y San Anselmo; Juan D. Perón, Robespièrre, Alfonsina Storni y Deleuze; Alfonsín, Lugones y Heidegger, etc, etc.) ¿Qué efecto produce esta operación? La obnubilación del público, el efecto ´encantamiento de serpientes’, la seducción total. En el primer plano queda la capacidad de inventiva, la ocurrencia novedosa, iconoclasta, irreverente. En el fondo del tarro queda la escasa comprensión de nuestra historia (y en consecuencia de nuestro presente).”(9) Y no voy a condenar la hibridación, la ruptura con los discursos sólidos y autosolidificados. Lo que me preocupa, sobre todo luego de un par de años conviviendo con estas teorías a la moda en este blanquecino claustro, es una pérdida de contacto casi total con el planeta tierra. Todos los términos y categorías vuelan libremente por los aires sin pagar peaje a ningún cóndor y en este sentido tengo que acordar con Sarlo en su rechazo a la “...operación de canonización simplificadora a la cual se lo somete (hablando de Benjamin en este caso) en sede académica...”(10); y este vuelo sin remisión a ningún principio racional de realidad (que no tendría por qué ser único por supuesto) no se debe a que hayamos abandonado un concepto unívoco de la historia —algo que creo deseable por otra parte, y creo que también Benjamin— ni a que los oprimidos —entre los que creo contarme, entre los que se contaba Benjamin también— hayan recobrado la palabra; creo, por el contrario, que es el resultado de contundentes derrotas que la humanidad ha sufrido contra sí misma, de los violentos cañonazos que nos ha disparado la realidad, hasta el punto de expulsar a nuestras mentes del ámbito de comprensión de aquella. Y repito, la libertad decretada e institucionalizada de mezclarlo todo en el ámbito del lenguaje, de decir cualquier cosa acerca de cualquier cosa, es una trampa por el simple hecho de que no cruza las barreras de la palabra misma. La palabra deja de devenir acción, deja de ser ella misma acción. Al cientificismo ahora se le opone el Lingüisteísmo, la trascendencia última del lenguaje por sobre el ser humano(11). Hablamos todo el tiempo dionisíacamente, pero vamos, a ver, ¿quiénes son los que se animan acá, bien adentro de la Facultad de Filosofía y Letras, a celebrar como se merece a esta sublime deidad de la fertilidad y se ponen en bolas y acto seguido a fornicar desenfrenadamente haciendo pasar unas botellas de tinto boca en boca?(12) Perdóneseme la irreverencia pero esto es un valle de lágrimas, y entonces bajo las apuestas y digo, sin salir del ámbito del lenguaje, ¿quién levanta hoy, desde adentro, alguna voz antagónica a una institución académica que ya no se contenta con fijar los límites dentro de los cuales debe moverse el pensamiento, sino que, además, se autoatribuye gestos subversivos hacia esos mismos límites, gestos que evidentemente ya están canonizados y cuya subversión se ha convertido en un modo de cohersión que debe ser obedecido, pues sino uno es tildado de reaccionario?

El problema es que todo queda atrapado en los márgenes de La Academia “(ese aparato que adjudica legitimidad y prestigio a los saberes y también dice cuáles son)”(13). Las mezclas, las hibridaciones, las rupturas, los gestos irreverentes, todo está fijado por el marco institucional. (Y lo que no lo está, es cooptado poco a poco por esta máquina paranoica que es la Universidad, en consonancia con las más poderosas y gigantescas máquinas paranoicas como son el Estado y la economía mercantil.)(14) Esto al menos es lo que me sugiere el texto de Panesi al hablar de “los aliados” de los deconstructores: “...quienes a partir de ciertos bordes, o incluso desde la exclusión institucional, practicaron toda suerte de híbridos discursivos: Mallarmé, Artaud, Joyce, pero también (...) Benjamin que, además de cumplir con estos requisitos institucionales de exclusión y marginalidad, practica una doble vigilancia(15): el cuidado filosófico y el esmero filológico."(16) ¡Esto es fantástico! Resulta ahora que la “exclusión” y la “marginalidad” institucionales se convierten nada más y nada menos que en ¡“requisitos institucionales”! Ya está, el aparato de captura institucional ha llegado al sumum. Ahora se alimenta de los que otrora expelió de su propio cuerpo; el organismo académico —permítaseme la escatológica expresión— se come su propio vómito. A Walter lo rajaron de todos lados y a Artaud le dieron electroshocks en Rodez ¿para qué se bancaron semejantes miserias?

Entonces ¿qué hacer ante semejante panorama? Una opción es la que nos propone la Sarlo: dejar las nociones benjaminianas descansar un tiempo a ver si se despiertan, como citamos más arriba. Propuesta radicalmente reaccionaria. Digo ¿solitas van a recobrarse las categorías, con el simple hecho de olvidarlas un rato? Sarlo no para de quejarse de la “indiferencia teórica” de la (su) academia, y tiene razón al decir que “...Benjamin puede ser puesto a trabajar en otros contextos filosóficos e históricos, pero no se puede hacer cualquier cosa.”(17) Pero no podemos olvidar ni por un instante que los textos de este muchacho nos siguen (y seguirán) reclamando una acción, hacia dentro y —sobre todo— fuera de ellos. Y esta acción en modo alguno podrá limitarse a “Subrayar que los conflictos teóricos son quizás lo más interesante de una empresa crítica...”(18), sino que debe volver a hacer circular en nuestro nuevo campo de juego social —sin hacer ninguna ensalada, esto es, operando una crítica seria, razonable y política— esa pelota conceptual, muchas veces contradictoria y escurridiza que nos deja rodando Walter. Leer, por ejemplo, “En el fragmentarismo de Benjamin” “una crisis de la totalidad”(19) está bien, pero no me parece que esa crisis se transforme en Benjamin en “nostalgia de la totalidad”. Creo que nada hay más alejado de Benjamin que la nostalgia; hay sí una plena consciencia de la fragmentación social y de la casi imposibilidad de recuperar una visión del todo social, pero hay también una lucha incesante, una búsqueda frenética por recomponer, a través de producción crítica, literaria, histórica, filosófica, etc. los hilos destejidos de la realidad que se presenta de golpe. Y la operación de análisis fragmentario es una estratagema nueva que Benjamin encuentra para la lucha contra el velo a través del cual se presenta inmediatamente esa misma realidad despedazada. Hay en el fragmentarismo, al menos, una aspiración a la totalidad más que una nostalgia de la totalidad. Podemos oír un comentario sobre Dirección única: “El método de disociación de las unidades que se experimentan inmediatamente (...) adquiere un sentido si no revolucionario, sí al menos explosivo cuando se lo aplica al presente. (...) Por detrás de la pila de escombros salen a relucir menos las esencialidades puras(20) que unas pequeñas partículas materiales que apuntan a las esencialidades...”(21) La lucha está entablada y por consiguiente hablar de nostalgia representa quitar el “grito de combate”, el mismo que quita Panesi cuando —luego de citar la potencia de ese mismo grito— habla de un “dejo melancólico”, porque dice que “...Benjamin cree en la desaparición de la crítica derrumbada por la generalización de la publicidad mercantil.”(22) Nostalgia y Melancolía son armas de la reacción y en los textos de Benjamin más bien “resuena el grito de combate”.

Más bien creo que es Kracauer el que comprende el sentido de esta estratagema de combate teórico benjaminiana. Comenta al respecto: “A sus ojos, el mundo está falseado. Tan falseado como desde siempre lo estuvo desde el punto de vista teológico. Este es precisamente el motivo por el cual Benjamin no cree que haya que atender a lo inmediato y sí que haya que derribar la fachada, desarmar la forma completa.”(23) Aquí creo que Kracauer ve el velo que hace presentar la realidad social en forma fragmentada. Se trata del fetichismo, la ideología, a través de cuyos cristales se presenta lo inmediato en la percepción; un fetichismo que, a partir de las relaciones mercantiles, continúa propagándose operando una fetichización constante de todas las relaciones sociales. Consciente de esto, Benjamin busca un intersticio de la existencia humana y lo va observando, alejándose de a poco de su inmediatez para desgajarlo y cargarlo de significado y luego volver a él y observar cómo en esta nueva visión transformada se deja ver una luz centelleante que se está entrelazando continuamente con todo el resto de los pedazos de vida que van como queriendo ser iluminados uno a uno. “En suma —observa Kracauer— el mundo le muestra a quien lo enfrenta en forma inmediata una figura que este debe desmenuzar para acceder a lo que es esencial.”(24) Una operación dialéktica que, antes que partir de una “generalización abstracta e indeterminada”, persigue la totalidad desde abajo, a partir de “la multiplicidad discontinua”(25). Para poner un caso paradigmático, el interior burgués del siglo XIX: “El hombre privado, realista en su oficina, exige del interior que le mantenga en sus ilusiones. Esta necesidad es tanto más acuciante cuanto que ni piensa extender sus reflexiones mercantiles a las sociales. Reprime ambas al configurar su entorno privado. Y así resultan las fantasmagorías del interior. Para el hombre privado el interior representa el universo. Reúne en él la lejanía y el pasado. Su salón es una platea en el teatro del mundo.”(26) La autoconstrucción fantasmagórica del mundo a través de la experiencia engalanada de la vida en casa de parte del burgués decimonónico es la que hace ver a Benjamin la objetividad de una necesaria y continua fetichización en la relación del ser humano consigo mismo, en tanto su territorio de vida es la sociedad mercantil, y de esto último puede derivarse la necesidad del hombre de colocarse más y más velos por encima de sí: atrapado como está con sus “reflexiones mercantiles”, objetivamente, el sujeto no puede funcionar de otra manera. Y aquí me parece que es cuando adquiere significancia la idea de “mónada”, como idea que ilumina de un chispazo la realidad histórica y, por consiguiente, actual, con un valor gnoseológico y subversivo: “Cuando el pensamiento se detiene de golpe en una constelación cargada de tensiones, le imparte un golpe por el cual la constelación se cristaliza en una mónada. (...) En dicha estructura reconoce el signo (...) de una chance revolucionaria en la lucha por el pasado oprimido.”(27)

Entonces, esta idea-fuerza como saber emergente nos exigirá una y otra vez que nos apropiemos de ella para reinventar a Benjamin, más que olvidarlo. Y reinventar a Benjamin podría significar, para comenzar nomás, denunciar la apropiación sistémica-sistemática de sus incendiarias categorías reconducidas en función de la manutención de nuestra aniquilante paz social-universitaria. Y en esta idea se ve todo lo que atañe por ejemplo a una institución en un tiempo, la Universidad Estatal como máquina cooptadora y rectificadora (ya que ahora vivimos en “democracia” y la censura es un acto políticamente incorrecto) de todo discurso que en sí mismo no se deje encajar ni catalogar en ningún manual, envasándolo al vacío para finalmente empaquetarlo y, con un reluciente y muy fino moño, sacarlo a la venta al mercado cultural.

Y la mónada echará a llorar sin dejar de gritar por un instante:

GUERRA SOCIAL AL SABER ACADÉMICO

 

©Martín Yuchak

 

 

 

NOTAS

* Hechos contra el decoro es un grupo musical español contemporáneo, del cual puedo proporcionar letras de canciones, o las grabaciones mismas, en caso de que exista interés.

(1)Jorge Panesi, “Benjamin y la deconstrucción”, en Sobre Walter Benjamin, Alianza, p.58.

(2)Beatriz Sarlo, “Olvidar a Benjamin”, en Siete ensayos sobre Benjamin, p.79.

(3)Sarlo, op.cit. p.78.

(4)Panesi, ibid.

(5)Sarlo, ibid.

(6)Parándome incluso antes de cualquier toma de posición política, antes del hecho mismo de estar o no de acuerdo con esta operación panesiana, me queda —siguiendo la lectura de su texto— la sensación de un enorme elitismo de parte de un autor que ni siquiera se toma la molestia de explicar y aclarar (pa´ los ignorantes como uno) los conceptos básicos de la deconstrucción tales como différence, archiescritura, etc., dando su conocimiento por supuesto.

(7)Panesi, op.cit. p.61.

(8)Mansilla lo hacía los Jueves en sus famosas causeries, nosotros, todos los días.

(9)Néstor Kohan, “Algunas (pobres) ideas —sobre metodología en historia de las ideas políticas—”, en revista Dialéktica, n°11, verano 99/00, p.48.

(10)Sarlo, op. cit. p.87.

(11)Sinceramente no sé de dónde sale que “En Benjamin, de Man lee la impersonalidad y la inhumanidad trascendente del lenguaje.”(Panesi, op.cit., p.65) Carezco del texto “La tarea del traductor”, del cual está extraída la cita que antecede a esta afirmación. Así suelta, la frase de Benjamin no justifica en nada la lectura que Panesi dice que hace de Man. Hay un fragmentito de Dirección única que el mismo Panesi cita más atrás: “¡Silencio del libro, cuyo poder de seducción era infinito! Su contenido no era tan importante. Pues la lectura coincidía aún con la época en que tú mismo inventabas en la cama tus propias historias” (Dirección única, p.52.) ¿No es acaso “inventar historias” trabajo humano, un hecho que resaltaría la “humanidad” del lenguaje y no su “inhumanidad” e “impersonalidad”? O, yéndonos a la Experiencia y pobreza: si el lenguaje es en escencia impersonal y trasciende a todo ser humano ¿Por qué quedarían mudos unos hombres luego de que les caigan unas simples bombitas en sus trincheras desde unas gigantescas máquinas voladoras?.

(12)Sería una hermosa y digna acción situacionista.

(13)Sarlo, op.cit. p.77.

(14)Máquina paranoica es una categoría que utilizan Gilles Deleuze y Félix Guattari en sus análisis sociales, representan El Saber instituído, El Estado, etc.: “La máquina paranoica o binaria distribuye a los seres de acuerdo con segmentos bien determinados.” “Produce síntesis activas por las cuales todo lo presente, todo lo nuevo debe reducirse a lo Mismo (...) Aquí ya no se trata de extraer lo diferente de la repetición sino de someter lo diferente a la supervisión de un pasado que se repite en cada presente.” “La máquina de Estado plantea siempre una ley como ideal o deber ser del mundo con relación al cual la vida es siempre vivida como imperfección y carencia. (...) Desde un punto de vista político (...) se trata (...) de separar a un cuerpo de lo que puede. (...) La máquina paranoica, entonces, es un sinónimo de las fuerzas reactivas.” (Dardo Scavino, Nomadología, una lectura de Deleuze, Bs. As., Ediciones del Fresno, 1981, pp. 38-39 y 44. Las negritas son del autor).

(15)Acerca del término “vigilancia”, no entiendo a qué apunta ni por qué se recurre varias veces a él en este texto, pero no dejaré de confesar que, sea como sea, es una palabra que me repugna.

(16)Panesi, ibid. El subrayadísimo es mío.

(17)Sarlo, op.cit. p.89.

(18)Op.cit. p.90.

(19)Op.cit. p.85.

(20)De las que Benjamin no sentía ninguna nostalgia.

(21)Sigfried Kracauer, “Zu den Schriften Walter Benjamin”, en Pensamiento de los confines N°6, 1999, p.179.

(22)Panesi, op.cit. p.64.

(23)Kracauer, op.cit. p.178.

(24)Op.cit. p.177.

(25)Ibid.

(26)Walter Benjamin, “París, capital del siglo XIX”, en Iluminaciones II, Madrid, Taurus, 1999, p.182.

(27)Walter Benjamin, “Tesis de filosofía de la historia”, en Angelus Novus, Ed. Sur/Edhasa, España, 1971, p.88.

 

 
 

el interpretador acerca del autor

 

 

                 

Martín Yuchak

Nació en Buenos Aires el 12 de marzo de 1979.

Publicaciones en el interpretador:

Número 1: abril 2004 - Lo intelectual y los intelectuales Acerca del concepto de intelectual en Gramsci. (ensayo)

Número 7: octubre 2004 - Patagones en mi barrio Clase 01/10/04 (aguafuertes)

   
   
   
   
   
 
 
Dirección y diseño: Juan Diego Incardona
 

 

 
               
 
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