Corre el año de 1890 y el capitán Richard Francis Burton agoniza en Trieste, Imperio Austro-Húngaro. En su delirio final ve como la Muerte, la gran igualadora, llega hasta las puertas de su habitación en la forma de un gigantesco eunuco armado de una cimitarra, a lomos de un gran dromedario negro. La hoja implacable corta el hilo de la vida de Burton y es la Nada, eternamente. ¿Eternamente? Burton despierta de un sueño sin sueños, joven, fuerte y sano otra vez, en un lugar demasiado extraño como para conservar la cordura, una gigantesca matriz de cuerpos humanos dormidos y desnudos flotando en el vacío. Pronto lo pondrán a dormir de nuevo, pero el recuerdo de ese lugar no lo abandonará nunca más. Cuando finalmente despierte ―¿o resucite?― en otro ambiente, a la vez mucho más natural pero más increíble, sabrá que en alguna parte se esconde la respuesta a las preguntas que se hace la Humanidad toda. Porque toda la Humanidad, desde el pasado más remoto hasta fines del siglo XX, ha sido resucitada o recreada a lo largo de las orillas de un río interminable ―el Río―, que serpentea a lo largo de decenas de miles de kilómetros de valle encajonado por montañas infranqueables.
Burton, rememorando sus aventuras y exploraciones en África junto a John Speke, en busca de las fuentes del Nilo, se asignará la misión de buscar las fuentes del Río infinito y con ellas las respuestas al porqué del rescate masivo de la Humanidad desde el Valle de las Sombras para resucitarla en el gran Valle Fluvial. Junto a sus fieles compañeros de viaje, Peter Jairus Frigate, Monat Grrautut el extraterrestre, Alice Lidell y Kazz el prehumano, emprende el largo viaje a lo largo de incontables millas de territorios hostiles, habitados por gentes de cualquier época ―pasada, presente o futura―, a las que el aventurero victoriano deberá enfrentarse. Entre sus enemigos hay otros, ocultos y todopoderosos, los misteriosos Éticos, los amos del desconocido proyecto que arrastró a la Humanidad a una nueva vida. Ellos y sus agentes disimulados entre los millones que habitan el Valle, harán lo posible para que la expedición de Burton fracase.
Página tras página de trepidante acción, este primer volumen de la saga del escritor de narrativa de ciencia ficción y aventuras, ensayista y biógrafo, Philip J. Farmer, es una afortunada fusión de géneros: ciencia-ficción, aventura, viajes y novela histórica se entrecruzan para lograr un texto atrapante y lleno de sorpresas. La afortunada elección de los personajes, históricos o no, le proporciona una dimensión extra a la narración, que pocas veces abandona el fluir dinámico hacia delante.
Por desgracia, algunos recursos que brillan como virtudes en este primer volumen ―la documentación histórica de los personajes, por ejemplo― resultarán un lastre para el libre desarrollo del relato en los volúmenes subsiguientes de la saga.
Jorge Barbikane