Lejos de querer
escribir sobre (entendido sobre en su sentido relacional:
ejemplo: estas líneas son sobre tal tema), sobre,
decía, el caso blumberg, gustaría de escribir
sobre (entendiendo sobre en su sentido material: ejemplo: escribió
sobre la mesa con una navaja) sobre, decía, la cosa blumberg.
Si caso es una palabra del orden policial, si es algo a resolver
recorriendo un camino hacia una verdad, si es algo en que
hay una ley que un policía –o algún sujeto ocupando
su lugar- debe hacer cumplir, cosa es cualquier otra cosa:
es un significante a significar, una potencialidad de significados,
un material a ser trabajado por cuantos talladores gusten.
Lejos, decía
al principio, de querer escribir sobre el caso blumberg,
gustaría de escribir sobre la cosa blumberg. Tallemos,
pues.
Tenemos una cosa,
algo, algo que pasó: cien, doscientas mil personas llenando
la plaza del congreso. ¿Qué? La cruzada Axel, por
la vida de todos nuestros hijos se inicia con una multitudinaria
movilización (¿?) –concentración, digamos
mejor- de gente ante una convocatoria máss que mediatizada.
Un hombre –del que se encargan de enfatizar todos los difusores
de su voz que es un ciudadano común, que trabaja (más
“ciudadano que trabaja” que trabajador), honesto,
apolítico, que no es ni de derecha ni de izquierda sino un
doña rosa de saco y corbata- un hombre, decía,
convoca a una marcha como reacción por el secuestro devenido
asesinato de su hijo. Evidentemente, el dolor de este hombre está
por fuera de todo tipo de discusión, pero no dejemos que el
dolor de este hombre anule todo tipo de discusión.
Ahora, tenemos
para pensar varios ejes: -la convocatoria, -la difusión de
la convocatoria, -la importante participación en la concentración
(reunión, mejor sería nombrarla reunión),
-las repercusiones a las que da lugar tal reunión.
La
convocatoria. Merece algunas reflexiones el cartel “oficial”
(se lo puede ver en www.todosporaxel2004.8m.com)
con que se convocó a la marcha del 1ro de abril.
Todos x Axel
-Cruzada Axel. Obviando, obviamente que por obvio, todo tipo
de comentario sobre los tintes medievalistas ligados a la caza de
brujas o fundamentalismos a que remite una cruzada, habré
de escribir que la apelación a que la cruzada es
x Axel remitiría al caso Axel, a que lo que se
hace es buscar una solución al caso, una cruzada
para que quien deba encuentre a los culpables. Si bien es
dado pensar que dado que el modo en que el poder político-policial
se mueve es a partir de la lógica electoral con lo que un caso
que toma carácter público le es más que conveniente
que se resuelva a fin de mostrarse eficiente, si bien es
dado pensar que frente a una presión de este tipo el caso
puede ser resuelto con más presura (aunque más no sea
inventando algún culpable), lo cierto es que ese es tan sólo
un efecto colateral de lo que se constituyó a partir
de la convocatoria que fue, no sólo una presión para
que se resuelva el caso, sino la constitución
de la cosa blumberg. Con la forma de la apelación,
entonces, decíamos, se casifica la cosa. La cosa aparece
casificada, policializada.
Continúa
el panfleto que a la reunión invitaba con una apelación
sobre su por qué. “POR LA VIDA DE NUESTROS HIJOS”.
Cabría preguntarse, aquí, en este momento en que se
da ese nuestros que incluye tanto al invitado a la reunión
como al anfitrión, a quiénes, por lo menos discursivamente,
excluye. Nuestros hijos que corren riesgo de ser secuestrados
como Axel –todos somos Axel, repite cada tanto su padre-
no son, por más insistencias en hablar de un todos,
de un todos nosotros, de esa totalizante y siempredueñadelarazón
mayoría silenciosa, los hijos de todos, no
son los 55 chicos menores de un año que por día se mueren
por causas evitables, evidentemente que no. Y acá, en definitiva,
la pregunta que se está respondiendo –dándole
fuerza a esa respuesta desde esas totalizaciones- es ¿qué
es la seguridad?. Y a eso volveremos.
Sigue: “NOS
ENCONTRAMOS EL 01/04/04 (ESTE JUEVES) A LAS 19 HS. EN PLAZA DE LOS
DOS CONGRESOS (ENTRE RÍOS Y RIVADAVIA).”. Valga aquí,
nuevamente, el corregir nuestras palabras: no ya reunión,
mejor encuentro. Valga, también, hacer notar el horario
post-oficina (aunque, espero, no se piense que pienso que sólo
acudieron oficinistas al encuentro) y, valga por último, hacer
notar que la invitación no utiliza la jerga del activismo
político acostumbrado a una marcha de congreso a plaza
de mayo sino que se maneja, más bien, con la guía
T, invitando a la plaza por su nombre en los mapas y, para más
datos, para aquel que ni en excursión con la primaria ni algún
24 de marzo haya pasado por allí, con la intersección
de calles donde encontrarla.
Comenta, luego,
la invitación, que “Presentaremos un petitorio para
que cambien las leyes débiles contra la delincuencia”.
Podría escribir algún comentario bastante predecible
sobre esto del tipo de que proponer cambiar las leyes débiles
contra la delincuencia es casi literalmente proponer mano dura
y comentar –repetir- los repetidos análisis en que se
demuestra que no es un mecanismo que disminuya los índices
de delincuencia la mano dura, etc. Sin embargo, no puedo contener
mi ansiedad de comentar la anterior línea en conjunto con la
siguiente. “Luego marcharemos a LA CASA DE LA PROVINCIA
DE BS AS. para reclamar al Sr. Gobernador que actúe con rapidez
a fin de eliminar este cáncer de la delincuencia”
Y ahora sí, me despacho con todo gusto porque parece saltar
a la vista que la cosa blumberg ya venía bastante
talladita. Primero, recordar que la sociedad no es un organismo que
se puede enfermar por factores externos de los que ha de defenderse
y recordar que la lógica de eliminar cánceres
ya eliminó 30.000 vidas durante la última dictadura
militar –cuyas consecuencias siguen padeciéndose-. Y,
en este sentido, recordar que la corrupción policial no es
un cáncer que hay que eliminar de la institución sino
que es la propia lógica de la institución policial la
que lleva a sus prácticas. Como algún ingenioso cartel
lleva escrito: “no es un policía, es la institución”.
La difusión
que tuvo la convocatoria autotitulada Cruzada Axel nos lleva a pensar
en el rol de los medios cuya militancia caballeresca en esta cruzada
fue de vital importancia para su existencia. La cosa blumberg
no existiría de no ser por la acción de los medios masivos
de comunicación que incitaron, no a la inexistente Doña
Rosa, sino a todos nosotros a constituirnos en doñas rosas
e ir al encuentro en fecha y hora con vela en mano.
Redundante sería
insistir en el poder que ejercen los medios, insistir en el modo en
que constituyen subjetividades, insistir en cómo crean efectos
de realidad.
Ahora bien, el
1ro de abril a las 20 hs. yo no estaba en la marcha en el congreso,
sino en una charla sobre derechos humanos e inseguridad organizada
por la asamblea Gastón Riva de Caballito con gente del CELS
(Centro de Estudios Legales y Sociales) la CORREPI (Coordinadora contra
la Represión Estatal, Policial e Institucional) y de la Defensorías
Populares Autónomas y, si bien el tema era, también,
inseguridad, los medios no levantaron ni en mayor ni en menor medida
los volantes que a tal charla convocaban. A dónde voy con esto,
se puede decir. A que no es casualidad qué cosa reproducen
–constituyéndola, de hecho, al reproducirla, en tal
cosa- los medios. Digo, entonces, con esto, otra obviedad: que
la cosa blumberg cuenta, entre sus talladuras, entre sus
talladuras constitutivas, con la marca de los medios masivos de comunicación
–teniendo en cuenta, de nuevo, obviamente, las siempre divertidas
de encontrar 10 diferencias entre una empresa y otra.
Ahora bien, es inevitable sentirse tentado de festejar un espíritu
participativo, un tomar las calles, una multitudinaria voluntad de
constituirse en sujetos activos que podría leerse en esta cosa.
Pero es inevitable, para mí, no recordar que esta cosa
tuvo y tiene, aparte de sus propios límites y presupuestos
a los que volveremos más adelante, muchas formas de tallarse
y que da lugar a ciertas formas de ser tallada –así,
en voz pasiva- más que peligrosas, al tiempo que la constitución
en sujetos activos, por un lado, encuentra, por otro lado, prontamente
un fin para esa actividad de los sujetos que es la del reclamo al
estado –Estado, escribirían quienes hablan todo
el tiempo no de señor sino de Señor,
no de país sino País, no de mayoría
silenciosa sino de Mayoría Silenciosa.
La voz de esta
mayoría silenciosa, insisten los medios, fue la que
se escuchó en el encuentro y, en tanto que
es esa voz, debe ser escuchada, en tanto que es esa voz,
es verdadera. Esta mayoría silenciosa compuesta por
ciudadanos que se preocupan por el aquí y ahora
y no por disputas abstractas o ideológicas (La Nación.
02/04/2004) es la que se expresó, y, en tanto que se ha expresado
no puede ser desoída (Clarín. 02/04/2004). La reivindicación,
por partir de este sujeto que creen ver los medios allí, que
hacen ver allí, ha de ser tenida en cuenta, pero claro, como
siempre, no se debe poner en crisis a este sujeto, no se le debe preguntar
si su status de silencioso no tiene nada que ver que los
propios males que lo aquejan, no se le debe preguntar por qué
es tan silencioso, qué calla con tal silencio, por qué
se queda callado cuando las cosas le pasan por al lado, o enfrente,
o en algún departamento cercano en su edificio. No se le debe
preguntar a la mayoría silenciosa, a esa inexistente
construcción con que se nombra a un conjunto de (inexistentes)
doñas rosas indignadas qué más tiene
para decir. No. Porque la misma voz que se les da por ser la –me
repito- mayoría silenciosa es la que socava sus posibilidades
de ser enunciadores activos. Esta mayoría silenciosa
hizo un chasquido con su reunión, una chispa rimbombante que
prende una vela frente al congreso para apagarse, para volver a su
silencio, a los pocos minutos y serán los editorialistas de
La Nación, los dueños de alguna radio robada –a
costa del silencio de la mayoría-, los de algún canal
de tele, los actores políticos de siempre, ellos serán
los que puedan seguir hablando mientras, silenciosos, todos siguen
con sus días iguales.
A esta mayoría
silenciosa, al día siguiente, y al siguiente, y al siguiente
–hasta que la mano de dios llegó a ocupar su espacio
en las primeras planas-, le llenaron la boca de palabras. En tanto
que La Nación titulaba su primera plana del 02/04 con “Un
gran clamor: seguridad” y Clarín con “La
gente dijo basta”, Página 12 –al tiempo que
no podía dejar de reconocer que Blumberg había hecho
pedidos explícitos de mano dura- titulaba “Hay que
extirpar el cáncer de la bonaerense”.
¿A qué
voy? A que esta mayoría silenciosa, en tanto silenciosa,
esta cosa subjetivizada por los medios como mayoría silenciosa,
totalizante e indiscutible, es más una condición pasiva
de posibilidad de los enunciados –totalizantes, indiscutibles-
del día siguiente que una potencialidad activa de
cambio. Primero.
Segundo. Como
veníamos pensando algunos párrafos antes, esta condición
de posibilidad de ciertos enunciados ya venía preformateada
desde el principio, pero da lugar a enunciados diversos, varios, incluso,
de los que las caras de esta cruzada han debido desprenderse
públicamente. Y, tercero, que esta condición de posibilidad
de ciertos enunciados, esta enunciabilidad, tiene también
sus presupuestos, sus discusiones no dadas a discutir que anulan,
que hacen indecibles otros enunciados. Y aquí, nuevamente,
la pregunta en la que estoy pensando es ¿qué es
la seguridad?.
En el diario La
Nación del 20/03/04 se encuentra una nota que podría
pensarse como programática de tal diario y los grupos que lo
sostienen. En ella se plantea que existe una disputa en la opinión
pública entre la desocupación y la inseguridad
por ser el centro del debate, siendo, esa nota, no más que
un centrar la segunda en desprecio de la primera. Bien podría
decirse –y se ha dicho mucho desde que acciona la cosa blumberg-
que lo que la derecha logró con la cosa –llamándola
caso, de más está decirlo- fue desplazar el
tema de la desocupación –pobreza estructural funcional
a un sistema, indigencia, etc, podríamos agregar- poniendo
en el centro de las discusiones el tema de la seguridad.
Y aquí, nuevamente la pregunta que nos veníamos haciendo,
¿qué es la seguridad? Y, mejor, cambiando nuestras
palabras para no caer en la red de sentidos que tiende, por decir
algún nombre, La Nación, preguntarnos, ¿qué
entendemos por seguridad? o, mejor, ¿cómo practicamos
la seguridad? Porque, si bien es cierto el desplazamiento del
eje de la famosa agenda o, más tangible, de las primeras
planas de los diarios, no menos cierto es que debemos preguntarnos
en que supuestos se sostiene esa dicotomía que sostiene la
nota ya mencionada de La Nación. Porque es precisamente ahí
en donde habría que plantear la pregunta que venimos repitiendo,
porque es en la pregunta de por qué seguridad sólo
es respecto a los delincuentes en que podemos encontrar la
condición de enunciable que tiene la convocatoria con que comenzamos
este escrito. Es en los presupuestos que dividen la seguridad
del resto de los problemas sociales en donde reside
la posibilidad de aprovechamiento de esta cosa por parte
de la derecha más recalcitrante y en donde residen los propios
límites de esta cosa blumberg que tiene a esta dicotomía
como constituyente.
Porque, si inseguridad
es que maten a un amigo o a un hijo, inseguridad también es,
citando a alguien que no recuerdo si existe, no tener trabajo, no
tener educación, no tener salud, inseguridad es una mujer golpeada,
un pibe desnutrido, no tener autonomía o que otros decidan
sobre nuestras vidas. Inseguridad es, entonces, aceptar como dado
el concepto de seguridad, aceptar las dicotomías de la estadística,
aceptarse sujeto silencioso, televidente pasivo.