el interpretador no temáis

 

Magazín Literario y Radar Libros       

Entrevista a Daniel Link

por Sebastián Hernaiz y Diego Cousido

 

 

 

Daniel Link fue Secretario de redacción de la revista Magazín literario en el año 1997, y editor de Radar.libros entre 1998 y el 2004. Nos recibió en su casa para charlar de esas experiencias. Encuadernados sobre la mesa estaban la colección completa de Magazín y algunos años de Radar. Nosotros llevamos otras tantas revistas y empezamos a charlar.

 

Elinterpretador: ¿Te habían hecho ya alguna entrevista por Magazín?

Daniel Link:  Sí, varias veces, porque creo que hubo un seminario que dio Sylvia Saítta sobre los años 90, y un tema era periodismo cultural, y hubo un grupo que hizo una monografía o hizo una exposición, no me acuerdo. Y además hay becarios o cosas que trabajan con períodos más largo y que incluyen alguna referencia. Por eso tengo así, relativamente a mano el material (señalando los encuadernados)

EI: En principio, queríamos saber cómo te vinculás al proyecto… ¿Cómo llegás a la revista? Desde el principio ¿Cómo surge?

DL:  Sí. Magazín literario, yo creo, es más o menos contemporánea, tal vez unos meses posterior, como proyecto, a Los inrrockuptibles. En ese momento estaba en el aire la idea de comprar marcas y hacer franchising cultural. Y a una persona, Violeta Weinschelbaum, se le ocurrió que podía hacer con Magazín literario lo mismo que sus amigos estaban haciendo con Los inrrockuptibles. Entonces me lo propuso y acepté, sobre todo acepté no ser socio del proyecto sino empleado. Yo había fracasado en varios proyectos culturales a los cuales me había asociado y la verdad es que no tenía ganas de seguir intentándolo.

 

EI: ¿Qué proyectos?

DL:  Bueno…

 

EI: ¿Habían llegado a salir?

DL:  Sí. No me refiero solamente a revistas sino inclusive a editoriales. Yo no soy un buen socio. Lo que puedo aportar siempre a un proyecto es trabajo, y espero por ese trabajo que me lo remuneren y ya. Esa cosa de trabajar por una gloria futura, la verdad que para eso prefiero quedarme en mi casa escribiendo. No me parece que valga la pena hacerlo… No sé. Había participado, por ejemplo, en La Marca, que a mi juicio fue un proyecto que funcionó bastante bien hasta cierto punto, pero después me cansó, precisamente porque yo era socio y me implicaba una serie de preocupaciones que no pasan por mí habitualmente. Entonces yo dije eso: no quiero asociarme. Sobre todo para tener un área definida. Mi trabajo con Magazín literario iba a ser, y de hecho fue, la parte de producción periodística local. Yo ni siquiera elegía los dossiers: ni los elegía ni los editaba.

 

EI: :Y los dossiers, eran textos traídos de afuera, traducciones de…

DL:  En general sí. Eran dossiers que reproducían algunos de los dossiers ya aparecidos en Magazine littéraire. Por supuesto, con la historia que Magazine littéraire tiene había posibilidad de elegir lo que uno quisiera. Naturalmente se actualizaban un poco, se incluía alguna nota que diera cuenta de la perspectiva local acerca de los problemas que allí se consideraban. Pero insisto, de eso yo no me encargaba…

 

EI: ¿De eso se encargaba Violeta?

DL:  De los dossiers se encargaba Violeta.

 

EI: ¿Existía algún compromiso contractual respecto de lo que debía respetarse del modelo francés?

DL:  No, no…

 

EI: Porque es bastante respetuosa…

DL:   Sí. Bueno, no… siempre el problema, sobre todo al comienzo, tiene que ver con el diseño de imagen de la marca: que la tipografía tiene que ser la misma, ese tipo de cosas. El diseño lo hacía Martín Kovensky y no creo que haya un parecido. Sí en términos de formato, de columnas, de ese tipo de cosas; pero luego el tipo de producción visual que Martín le impuso a la revista me parece que es distinto. Entonces si la revista hubiera continuado se habría despegado progresivamente del modelo. Insisto, está fijado por contrato pero tampoco es excesivamente riguroso. Lo que a los tipos básicamente les importa es que la marca no haga papelones.

 

EI: Se desvirtúe.

DL:  Que no haga papelones. Si se desvirtúa pero para bien… Si nosotros hubiéramos podido hacer, no sé, New Yorker con el formato de Magazín literario no hubieran tenido problemas. Eso pasa inclusive con Los Inrrockuptibles. Pero sí, en principio era bastante apegada al modelo francés.

 

EI: Respeta las secciones al pie de la letra prácticamente.

DL:  Sí.

 

EI: De todos modos en los últimos números, o mejor dicho en el último se ve algún cambio.

DL:  Sí.

 

EI: ¿Y por qué de alguna manera fracasa? ¿Por qué se termina?

DL:  Mirá, esa es una cosa de la cual nunca tuve una idea clara. Porque desde un comienzo el proyecto estaba planteado como un proyecto que para testearlo tenía que durar un año. Creo que la crisis hizo que Magazín terminara mucho antes, lo que significa que la crisis también comenzó mucho antes que lo que nosotros recordamos. Porque efectivamente, estamos hablando de fines de 1997 y en ese momento era complicado sostener un proyecto cultural. Antes de la devaluación, no sé si se acuerdan, el papel salía carísimo, no se conseguía. Imprimir era una pesadilla, tanto que los libros se imprimían en Chile, muchas revistas inclusive se imprimían en Chile por los costos que tenía. Supongo que eso ayudo a precipitar la desaparición de Magazín, pero insisto, de todos modos, siempre me pareció que bueno… Un poco lo que te decía antes, cuando uno es socio de un proyecto dice: voy a seguir hasta las últimas consecuencias. Yo no era socio, de modo que no tenía manera de medir las últimas consecuencias y tampoco me interesaba. Esa es un poco la frustración que a uno le puede dar cuando está en relación de dependencia, pero al mismo tiempo la tranquilidad: no dejó de salir por nada que implicara mi capacidad de trabajo, mi imaginación, o lo que fuere, yo sólo era un empleado. Digo, se puede decir que la revista fue un fracaso y en ese punto soy el responsable, pero la verdad es que con seis números es muy difícil saberlo.

 

EI: La gente que trabajaba en la parte de libros ¿cómo llega? ¿De eso te encargabas vos?

DL:  Sí. Una de los criterios que yo siempre he tenido cuando he trabajado en medios… Una cosa es, insisto, cuando uno hace la revista que es la revista que uno quiere, que a uno le gusta, que habla solamente de los temas que a uno le gustan, y le da de escribir a sus amigos. El caso de ustedes puede ser, claramente. Otra cosa es cuando uno trabaja en un proyecto en el cual no puede sostener ese mismo perfil. Por lo que no tendría sentido hacer de mí una marca, hacer de mis gustos o de mi visión del mundo y de la literatura una marca. Eso me parece que no funciona nunca. Entonces, la idea en ese punto es la de incorporar la mayor cantidad de colaboradores posibles, ser lo más pluralista posible. Entonces en magazín, obviamente, recurrí a las personas con las cuales yo había trabajado alguna vez en, por ejemplo, Los periodistas.

Cuando dejó de salir El Periodista se formó una cooperativa de periodistas independientes que llevaron adelante una revista que se llamó Los periodistas que salió durante dos años. Y como yo en El periodista había publicado algunas cosas relacionadas con libros –estamos hablando de historia ¿no?, pero se trata de los años noventa y me parece que es importante– me pidieron que me encargara de editar las páginas de lectura o de lectura y espectáculo. Era un espacio muy corto una doble página donde había que meter libros, cine, un poco de todo… Bueno, entonces esa gente, en la medida en que quería y podía incorporarse al proyecto. Otros fueron después a parar a Los inrockuptibles, como Hernán Ferreirós o Gustavo Álvarez Núñez, pero hicieron sus primeras armas en Los periodistas conmigo. Luego, gente de la facultad, ayudantes. Esa fue como la forma inicial. Después hacía falta gente específica para ciertos temas como los temas de plástica, tanto para comentarios de plástica como para referirse a muestras. Y de ahí de las personas disponibles y que tenían un discurso adecuado como para los medios, me parece que (Marcelo) Pacheco estaba bien. Yo no lo conocía, pero insisto, a mí siempre me parece que no hay que ponerse muy principista en ese punto. La gente escribe y uno se da cuenta después cuando salió publicado si lo que escribió estaba bien o mal, si funciona o no, si trasciende o no, si es lo que uno quiere para eso o no.

 

EI:¿Ahí están pensando en algún tipo de lector?

DL:  Nuestra idea era una revista bien escrita, una revista que no funcionara ni siquiera como Babel. Babel era una revista con un perfil muy definido; con un gusto. Donde yo también había estado. En esos lugares uno puede pensar que ciertos gustos te podés dar. Una revista como ésta que pretendía ser, simplemente, una revista comercial, destinada específicamente a cierto público culto, personas que leen, etc. En ese punto, tratábamos de tener una prosa cuidada, relativamente elegante, graciosa, que no aburriera demasiado, y con mucha información. La cantidad de información era demencial. La agenda que había que armar. Una persona se dedicaba exclusivamente todo el mes a la agenda cultural. En fin, el perfil era más o menos un poco ese. Inclusive si te fijás en los avisos, la revista cuando consiguió algún que otro aviso hizo de cualquier porquería. No sé… Kenzo.

 

EI: Sí, Kenzo…

DL:  El problema con lo de Kenzo puede ser un poco equívoco. Es que la redacción estaba instalada en un negocio donde había funcionado una oficina de Kenzo, del dueño local de la distribución de Kenzo. Era como un canje. El tipo cedía las oficinas a cambio de esta publicidad, no es que Kenzo pusiera plata para esto directamente. Pero indirectamente tuvimos una redacción bastante bien puesta, con intercomunicador y un montón de porquerías, sólo porque eso estaba libre. (Daniel hojea la revista. Hay una publicidad del correo). El correo siempre es un canje necesario como para hacer los envíos de suscripción… en fin, lo usual.

 

EI:¿Y con algunas instituciones? Aparecen varias veces la Alianza Francesa, la Embajada Francesa.

DL:  Sí claro. Eso formaba parte del paquete de lo obvio y lo previsible.

 

EI: Después aparece también, menons esperable, la Fundación Banco Patricios o Proa.

DL:  Lo de Banco Patricios creo que fue efectivamente una cosa que influyó de una manera misteriosa en el final.

 

EI: Porque era en ese momento una institución conflictiva.

DL: Sí, sobre todo su final lo fue. Ya te digo, de eso yo no sé nada, no te puedo decir absolutamente nada. No tengo información al respecto. En todo caso es eso. No sé, se cae un árbol acá, o una mariposa mueve las alas acá y se desata una tormenta… la teoría del caos. Sobre eso cualquiera puede hacer hipótesis.

 

EI: Pero, básicamente, el final tiene que ver con causas económicas.

DL:  Sí, claro.

 

EI: No funcionó.

DL:  No funcionó… Digo, alguien pensó que no. Pero, insisto, en seis meses es muy difícil saber, es muy difícil poder sostenerlo. Aparte fueron seis meses de junio a diciembre, con un verano encima en el cual se iba a hacer un solo número, como es habitual en esas revistas que en el verano salga un solo número. A mí me resultó prematuro por eso que estoy diciendo. Digo, bueno, cerremos la revista, pero ¿un número más no podemos hacer hasta marzo y ver qué onda? Pero bueno, no pasaba por mí la decisión, no conozco cuales fueron los fundamentos…

 

EI:¿Por quiénes pasaba?

DL:  Por los dueños. Por los dueños de la revista y el contrato con Magazín literario.

 

EI: Que era Violeta.

DL:  Claro.

 

EI:¿Y había un grupo más grande?

DL:  Bueno, no. En principio yo no lo sé. Violeta era la cara, la directora de la revista.

 

EI: ¿Las reseñas eran pagas? ¿Era un proyecto comercial…?

DL:  Todo. Poquito, pero se pagaba todo. Además puntualmente. El proyecto estaba bien pensado, tenía una dinámica que después de seis meses estaba bastante establecida. A lo que voy es a lo siguiente: de repente para mí fue como mucho esfuerzo…

 

EI: Para dejarlo ir tan fácilmente.

DL:  Claro. Porque el esfuerzo que uno pone en el período fundacional de una revista de estas características es muy arduo. No es un trabajo de dos a seis de la tarde. Tenés que organizar un montón de cosas, la búsqueda de colaboradores, charlar con cada uno de ellos, ver si aceptan trabajar en las condiciones que se les propone, hacer reuniones de sumario con los responsables de área. Esto, lo otro, lo de más allá, implicó un trabajo enorme. Una revista que además, tiene la idea de que hay que poner fotitos. Una idea que, personalmente, yo detesto. Me parece que si algo se deja leer, se deja leer y ya. Entonces, buscar las fotitos, hacer navegaciones infinitas para encontrar el material gráfico que no siempre estaba en el original. En cuanto a los dossiers sí, pero el resto, que era la mayoría, había que producirlo. En ese punto Martín (Kovensky) hizo un trabajo enorme porque muchas de las veces él ilustraba con dibujos propios, lo cual era un lujo para la revista tener a un tipo como Kovensky ilustrando. Todo se hacía con onda en la medida de lo posible.

 

EI:¿Qué tirada tenía?

DL:  Lo ignoro.

 

EI:¿Pero se distribuía en todo el país?

DL:  Sí, en todo el país. Por supuesto fue creciendo la distribución, por lo tanto yo creo que fue una revista que tenía entre cinco y seis mil ejemplares. Pero la verdad es que no lo sé, no te puedo dar precisiones al respecto porque, justamente, yo no me encargaba demasiado de eso. Digo, no es que no lo supiera en el momento, pero se me olvida ahora. Si me preguntás quién colaboro, esos datos sí los recuerdo porque es lo que pasaba por mí, lo que no pasaba por mí me enteraba en el momento pero se me olvidaba. Pero, ya te digo, cinco mil me parece que seguro, siempre, y en algunos casos seis mil, probablemente menos en función de cuanto se distribuía. Había convenios con distribuidores, sobre todo de kioscos para figurar con las revistas de otro tipo.

 

EI: ¿Y la venta?

DL:  Yo no sé que decir de la venta. Yo creo que la revista no amortizaba los costos, pero insisto, esto es algo que sucede con toda publicación que comienza… Así que, supongo que vendería mil ejemplares. Sí, yo diría que mil ejemplares como techo.

 

EI: De todas maneras si la publicidad tiene éxito…

DL:  En las revistas pasa muchas veces eso ¿no? La idea de sacar una revista muchas veces no tiene que ver tanto con la cantidad de ejemplares que se vendan sino de tener una revista colocada en determinados lugares de modo que los anunciantes se interesen.

 

EI: Se venden lectores a los anunciantes.

DL:  Que es lo que hace Los inrockuptibles, que tampoco debe ser una revista de venta masiva ni mucho menos. Por lo que yo sé ni siquiera lo son las revistas de La Nación, Brandon o… Rolling Stone un poco más, pero no Brandon ni mucho menos, y sin embargo, tiene avisos a rolete. Un poco es el criterio. Por lo cual, insisto, uno tiene que poder aguantar un año y hacer eventos, y esto y lo otro. La revista auspiciaba películas, estrenos, luego estuvo también en la carpa blanca. No sé… cosas por el estilo que la posicionen como marca, como modelo identificable. Igualmente, ya te digo, yo de marketing… soy muy trucho.

 

EI: ¿Y las repercusiones directas o indirectas?

DL:  Y, a mí, cuando se acabó Magazín literario, me llamaron de Radar libros, y me llamaron por esto. No por Los periodistas, no por Babel. Yo venía de Los Periodistas y de Babel pero, ciertamente, Magazín literario tuvo un impacto bastante mayor. Estuve creo que un mes en mi casa y ya me habían llamado de Página /12. Creo que la revista tenía una función en ese momento, no había nada parecido. Comparativamente, pensando que en la década del setenta había estado Los libros, que en los ochenta estaba Babel, que no respondían exactamente a lo mismo porque eran proyectos más ideológicos y todo… pero bueno.

 

EI: Bueno, Los Libros en principio respondía al modelo de la Quinzaine Littéraire.

DL:  Claro, sí.

 

EI: Incluso en la revista reproducen un texto en el que Piglia señala ese parentesco: Los libros, Babel, Magazín literario.

DL:  Sí, en la presentación, sí. La idea interesante era trabajar con ese hueco. Que hoy, en términos de avance de los tiempos, sería como completamente imposible de llenar. A nadie se le ocurriría ya plantearse una revista comercial de cultura. Hoy, el desencanto a propósito de esa posibilidad es evidente. El avance de la barbarie ha sido tan alto que hoy estamos en la felicidad del mundo virtual donde no hay que pagar un solo costo, con lo cual todo se puede hacer…

 

EI: Tampoco ningún costo.

DL:  Bueno sí, pero mínimo. Qué le pagás, a una persona que te suba los textos o algún dibujito.

 

EI: Por supuesto, el gasto es muy menor. Igualmente, en términos de desencanto había una sensación muy desencantada respecto del estado de la cultura. Es muy fuerte.

DL:  Sí bueno, insisto, el estado de la cultura no era brillante en ese momento, no lo es ahora tampoco, y probablemente no lo fue en toda la democracia. Esa es un poco la sensación, me parece, de quienes pudimos trabajar desde el comienzo en distintos proyectos culturales, tanto en el periodismo como en otras instituciones. Efectivamente, las promesas de la democracia se agotaban…

 

EI: ...en promesas de la democracia.

DL:  Sí, en la repartición de un porcentaje de la torta estatal y no otra cosa. Cuando no hay posibilidad de generar proyectos más allá de la órbita del estado, la verdad es que… Es un poco lo que se ve ahora, que la gente dice: “¡ay Macri!” ¡Qué te importa Macri! Un tipo que va a estar gobernando una ciudad de mierda durante cuatro años. Digo, porque no te ponés a pensar proyectos alternativos y ya. Parecería que, efectivamente, no hay esa posibilidad de pensar por fuera. Que te cierran el canal; esto, lo otro; no vamos a tener operas de vanguardia en el Colón. Bueno, que sé yo loco, hacelas en un galpón; si la vanguardia es galponera, es de garage. En fin. Y eso me parece que, ya te digo, lo notamos. Porque Babel fue una empresa muy crítica desde el punto de vista económico. O sea, Babel pudo sobrevivir porque en ese momento primero fue de una editorial, después todo eso se fundió, y cuando se fue al carajo la compró Punto sur, y a los tumbos siguió funcionado porque Punto sur desapareció del planeta. Babel en los últimos números no pagaba una sola colaboración. En la cooperativa donde yo participaba, Los Periodistas, pasó lo mismo. Encima tuvo un juicio con Cascioli por el nombre de la revista.

 

EI: ¿Les hizo juicio por eso?

DL:  Sí, y lo ganó, eso es lo peor. Entonces, ya te digo, si hoy me dijeran hagamos una revista así, yo te diría bueno, yo soy empleado, cuánto me pagás. Y yo pediría como mínimo diez mil dólares porque sé que no dura tres meses. Así por lo menos con el esfuerzo que va a implicar, a los tres meses me pago un pasaje… lejos.

 

EI: Igual, el laburo que había empezado acá decanta en Radar. En alguna medida es una especie de continuidad del esfuerzo.

DL:  Sí, sí, totalmente. Ya te digo, primero, tanto lo que hice en Magazín como en Radar, bueno, podía tener sus costados excéntricos, pero yo nunca me consideré un trabajador excéntrico. Como te decía antes, si quiero ser excéntrico voy a la marcha gay o doy un teórico loco. Pero ni siquiera doy teóricos tan locos. Quiero decir, me parece que ese es un momento cuando uno está solo ante el mundo. Después uno tiene que trabajar y cumplir con lo que se le pide, digamos. Entonces, me parece que eran principios como de sentido común, cosas elementales. Bueno, esto es un medio, yo siempre que empiezo a trabajar en un medio pregunto, me dan la lista de temas que ustedes quieren patrocinar y la lista de temas que ustedes quieren prohibir, que no se traten. “No, por supuesto”, te dicen al principio. “No, vos tenés tu libertad, hacé todo lo que quieras”. Bueno, una vez que me diste esa libertad, jodéte. A partir de eso, digo, el trabajo es como muy obvio: ver qué es lo más interesante que hay en el ambiente, tratar de potenciarlo, establecer polémicas –en un país en donde se polemiza tan poco– con argumentos, quiero decir. No eso de eh… andá a cagar. Donde no hay argumentos, tratar de desarrollar una opinión pública un poco más fundada en razones, sobre todo tratándose de la cultura, de ese tipo de cosas. Y luego, dar cabida a todo el mundo. En Página /12 yo no rechacé a un solo colaborador de los que estaban desde antes, aunque me pareciera gente nefasta. Y tuvieron que convivir con la gente que iba apareciendo. Y todo chico que venía a pedirme una reseña la hacía, y si la hacía mal no volvía a aparecer nunca más, y si la hacía bien seguía trabajando. Eso siempre lo digo. Por ejemplo, Patricio Lennard creo que hizo un trabajo sobre Radar libros, y le dije mirá, fijate la cantidad de colaboradores y comparalo con cualquier otro tipo de suplementos y vas a ver –contalos– que Radar libros tuvo un staff activo de cien colaboradores mínimo. Lo cual, para mí era importante porque hizo del proyecto una caja de resonancia interesante. Porque él decía ¿cómo es el “nosotros”? Esas cosas que le meten en la cabeza en la facultad: ¿cómo era el nosotros de la revista, o el nosotros...? Digo: no hay tal nosotros. Sí lo hay cuando se trata de un grupo, de un grupo ideológico que tiene su revistita, que publica solamente… Diario de poesía o Xul ponéle, para citar dos modelos ochentosos. Pero una vez que atravesás eso. Eso, qué sé yo, cuestiones de sentido común me parece que se dejaban…

(Hojea Radar libros). Esto es el segundo año, el 99. A principios del 98 yo estaba trabajando en Radar libros. Yo no sé, pensaba cuándo saqué esto y miré un poco. A mí, por ejemplo, me gusta mucho esta etapa de Radar libros. Esta etapa realmente la disfruté naturalmente mucho más que la última. Me gustaba la diseñadora que teníamos en esta época, trabajaba bien con ella.

 

EI: Y después, qué pasó...

DL:  No, después se fue a Barcelona, entonces sacaron las viñetas, no sé, estas cositas están como bien pensadas, me parece que funcionaban bien. Después se volvió como más constructivista, más línea dura del diseño, que es obviamente Alejandro Ros que ha hecho tapas maravillosas, por otro lado, para Radar libros. Tenía más avisos. Ahora ya nada tiene avisos de los suplementos culturales. O muy pocos por lo pronto, salvo La Nación que se caracteriza por eso desde siempre. Las pastillas Renomé me gustaban también mucho, que después desaparecieron porque nadie quería hacerlas. Tenías que leer por el mismo costo tres libros. Claro, quién iba a querer hacerlo. Y yo me cansé de hacerlo. En una época las hacía mucho yo pero después me cansé… Bueno, acá tenés Cambiaso, que me odia, Pinedo, que es un ex-montonero. Cambiaso es de derecha. Guadalupe (Salomón), que es una especie de anarco queer. María (Moreno), que es una histórica. Laura Ísola… Que no me digan que este suplemento es… Marina Mariach.

No, la cantidad de nombres es difícil de seguir.

Y aparte irreconciliables entre sí. Por eso no me pueden decir que era un proyecto… Obviamente, después uno sabe cómo pasar encima de eso y darle un perfil definido a lo que está haciendo, con las notas de tapa, con un montón de cosas, poniéndolo a Gusmán y no a Soriano. Pero yo puse a Soriano porque me lo pedían en el diario. Puse a Sabato en la tapa porque me lo pedían en el diario.

 

EI: No me acuerdo del de Sábato.

DL:  Cuando salió la autobiografía de Sábato, que no me acuerdo en qué año fue. Antes del fin se llamaba. Me llamó Tiffemberg, el director del diario, un tipo al que yo tenía que reportar. Entonces le digo, mirá, qué sé yo, hagamos la tapa de Sábato, no va a ser una tapa favorable desde ya te lo digo. No porque yo no quiera, porque no conozco a nadie que pueda defender la literatura de Sábato con mínima inteligencia. Podía llamar a un ex ministro radical, pero nadie iba aguantar una cosa semejante. Y la hicimos, qué sé yo. No me acuerdo qué hicimos… Sí, lo que yo dije fue… Hablé con la gente. Le pregunté a la gente qué les parecía Sabato, qué era lo que les gustaba, qué no, con los escritores… y después hice una nota. Y había cosas interesantes, qué sé yo, María Moreno me decía que los personajes femeninos de Sábato eran mejores que los de Cortázar, que estaban mejor delineados, que era menos misógino, un montón de cosas. En fin, que eran interesantes. Alan (Pauls) me dijo que recordaba una lectura shockeante de Abbadón, el exterminador. Yo recordé mi propia experiencia de lectura de Abbadón, de Sobre héroes y tumbas. Entonces, revindicaba eso. Bueno, Sábato es un escritor muy desdeñable por muchas razones, pero en definitiva, es el escritor con el cual una generación entera entró en la literatura y a los grandes problemas de la literatura. Y eso, bueno, no es poco. Que se conforme con ser eso. La autobiografía es como lamentable, muy quejosa. Había un par de cositas más, pero, en fin, salió. Todo se puede hacer. Digo, a mí se me presentaban problemas cuando ya tenía el suplemento armado un día jueves… Yo soy muy alemán, en este punto, muy cuadrado. Por eso te digo, te planteo previamente, si vos querés que te haga una tapa, me llamás un lunes y el domingo la tenés. Pero que un jueves me dijeran no hay que hacer esto de tapa, no, mirá, yo ya tengo la tapa armada, aparte comprometida con una editorial, con lo cual yo no voy a quedar mal. Hay un suplemento que tiene doble tapa. No me acuerdo en qué año. Pero supongo que en la época en la que todavía estaba Juan Forn. Eso fue: la ida de Juan de Página /12 cambió mucho la relación. Porque Juan Forn se hacía mucho cargo de parar la pelota y me defendía bastante, me cuidaba bastante. Sin que esto signifique que Juan y yo pensamos lo mismo. Pero bueno, trabajábamos juntos y trabajábamos bien. Juan es un psicópata y yo lo he visto psicopateando a la gente mal, y puede pensar de la literatura exactamente lo contrario de lo que yo pienso, pero para trabajar es una persona irreprochable. Bueno, entonces ya te digo, de pronto venía Tiffemberg y me decía, tenemos que hacer tapa con esto. Entonces el suplemento tenía dos tapas. Y no era “ay, qué locos que somos”. Era, bueno, ¿Vos querés tapa?, está bien yo te la hacía si hubiera sabido antes, pero como no me lo dijiste ahora tenemos que hacer dos tapas. Todo se puede hacer, hasta la peor componenda, si trabajás con relativa comodidad.

 

EI:¿Y en Magazín era cómodo?

DL:  En Magazín éramos muy pocos, como planta estable además de Violeta, estaba yo, una redactora –María Iribarren– que ella se encargaba sobre todo de la agenda, Martín Kovensky, quien era entonces su mujer, Laura, que se encargaba de cargar las páginas, y una chica que se encargaba de otras cosas, que era estudiante de letras y a su vez entonces también colaboraba. Éramos, qué sé yo, cinco personas. Y los directores de área con los cuales había reuniones de sumario. O sea que, era muy poca gente y cada uno tenía bien definida su área de responsabilidad, lo que no significaba que no pudiéramos dialogar los unos con los otros. De todos modos, lo que yo siempre sentí con Magazín literario es que le faltaba algo como Marita Chambers. Le faltaba más ese tono.

 

EI: Pero ahí empieza.

DL:  Sí, Marita empezó acá a trabajar conmigo y después la llevé a Página /12, que fue un gran problema porque los de izquierda no tienen sentido del humor, entonces nunca entendían muy bien de qué se trataba. Entonces traté de meterlo pero bueno, tampoco sé si se hubiera solucionado con eso… me parece que había un tono demasiado francés en todo. O sea, pomposo en algún punto.

 

EI: En una entrevista a Gandolfo que le hacen Fonderbrider y Chacón en un librito sobre revistas y suplementos culturales…

DL:  Pésimo ese libro, que nos hace mierda a todos. Siendo que él, loco… Está bien, no se puede argumentar ad hominen, pero ¿quién sos?, y te llamás Chacón, llamate a silencio. Cuando salió ese libro yo estaba trabajando en Página /12 y estaban todos brotadísimos. Y yo les digo, quieren que yo reseñe el libro, lo hago mierda en dos segundos. Es un libro totalmente endeble, es un libro desinformado, es un libro que no tiene marco teórico. Pero no quisieron.

 

EI: Sí, lo interesante es el apéndice con entrevistas. En una, Gandolfo hace un paneo de las revistas. Él es una figura muy activa en cuanto a participación en revistas y en periodismo cultural. Y cuando hace un comentario respecto del sistema de reseñas de Magazín, lo que leía era que lo embolaba. Arrancaba siendo un artículo que trataba de escapar de lo académico y terminaba siendo un flan que no alcanzaba a tener gracia y que no alcanzaba a…

DL:  Sí, la reseña es un género complicado de editar, sobre todo si tenés que editar, que sé yo, trescientas reseñas por mes. Yo te digo, sí, hay una cosa de tono que no estuvo lograda, yo creo. Pero no por tal o cual género en particular, sino que era demasiado francés. Es claramente eso: el influjo francés –que se ve también en Inrockuptibles. Yo soy como muy chatarrero, en el sentido de más argentino en ese punto. Y en Magazín, creo que por el nombre, por el proyecto y todo eso, además, insisto, en seis números, hacía difícil… Yo creo que si la revista hubiera durado un año, otro habría sido el cantar. Dos cosas muy distintas seguramente estaríamos analizando. Pero sí, yo coincido con Gandolfo en ese punto. No de todas las reseñas naturalmente.

 

EI: Y la decisión de lo que se reseñaba, ¿cómo funcionaba eso?

DL:  No sé, pero veámoslo. (Hojea las revistas.) Sí, había como reseñas más largas. Acá tenés Chejfec, Chitarroni, que sería como la herencia de Babel…

 

EI: En una lectura en diagonal, en general, la herencia de Babel aparece bastante. Es notable, al tener tantas reseñas además da la sensación de “todos los libros del mes”, de hecho la sección se llama “los libros del mes”.

DL:  Sí, ¿no? En ese punto tampoco tengo demasiado de que arrepentirme. Si comparo la literatura que patrocinaba Babel, esa literatura me sigue pareciendo mucho mejor que la literatura que empezó a aparecer a comienzos de los noventa circulando por Planeta y por esos grandes grupos. No sé, prefiero a Guebel que a Fresán, por decir una cosa brutal que no sé ni siquiera si es cierta.

 

EI: Y después con las otras revistas ¿qué pasaba? Porque recién vos hablabas de las polémicas y en realidad, parece que no hay una polémica respecto de un tipo de literatura que se promueva. Más bien, lo que se lee es una sensación de que el estado de la cultura es deplorable y entonces se intenta fomentar cualquier cosa…

DL:  Puede ser. Mirá, una cosa que hubiera convenido aclarar antes de la entrevista es que si ustedes leen eso, ustedes tienen razón. En ese punto, me parece, que una persona que lee sabe más que el que escribió. Y en este punto yo ni siquiera escribí sino que edité, lo cual, digo, vuelve mucho más difícil la operación de conciencia sobre el efecto de lectura: yuxtaponer, que sé yo, cuarenta palabras distintas. Si ustedes leen eso, seguramente debe ser cierto. Probablemente no en Magazín, porque insisto, es como un proyecto no nato, abortado, interesante pero que no llegó a dar de sí todo lo que se pensaba, o por lo menos todo lo que estaba previsto que diera. Pero en Radar libros dimos todas las batallas posibles, en un período en el cual el diario no tenía una posición oficialista ni con la ciudad de Buenos Aires ni con el gobierno nacional.

 

EI: En Radar es más claro eso. En Magazín respecto de la relación ciudad y nación era clara la posición en favor del gobierno de la ciudad. Los eventos culturales de la ciudad se difunden y celebran, no así los emprendimientos culturales del gobierno nacional.

DL:  Bueno, Violeta venía de una familia radical. Yo tengo una foto con Alfonsín…

 

EI: De hecho, en ese momento, en 1997 acontecen las elecciones legislativas que son el primer gran triunfo de la Alianza, cosa que tiene una repercusión muy favorable por parte de la revista.

DL:  Bueno, ¡éramos tan jóvenes! No sé, no es mucho lo que te puedo decir, y en ese punto avalo lo que ustedes leen, aún así me parezca feo lo que ustedes lean. Creo que lo que ustedes leen es lo que se lee, yo no te puedo estar torciendo el brazo y diciéndote no, no es así. Lo que sí, puedo llegar a dar son precisiones referentes a mi modo de trabajo.

 

EI: El proyecto de la revista intentaba llenar un bache. En el primer editorial dice: “Confiamos ¿hace falta aclararlo? en las potencias del libro tanto en lo que se refiere a la formación de conceptos como a la democratización de saberes”. Buscan llenar un vacío que…

DL:  Bueno sí, pero no creas en todo lo que se dice.

 

EI: Todas las revistas cuando empiezan dicen lo mismo.

DL:  Claro, es un género. ¿Qué voy a decir? Estoy haciendo una revista de libros, ¿qué voy a decir? ¿La verdad es que me cago en los libros? ¿Los libros son un instrumento de la esclavitud? Digo, puedo hacer el discurso levi-straussiano de la “Lección de escritura”. En fin, digamos cosas que no nos avergüencen. Pero también es un poquito de concesión. Es una revista de mercado, por lo tanto es concesión de mercado, sobre todo porque no está firmado, dice “La redacción”… A veces pasa un poco eso cuando la gente se pone muy violenta contra Beatriz Sarlo por las cosas que escribe en Viva. Pero, ¡está escribiendo en Viva! Porque no le pegan a Beatriz por las cosas que está escribiendo en Punto de vista, que a lo mejor son peores todavía. No digo que yo piense que son peores. A veces en Punto de vista escribe unas barbaridades que… Escribiendo en Viva, si necesitás el trabajo y lo vas a hacer, vas a tener que escribir eso, no podés escribir sobre otras cosas. Entonces, ya te digo, cuando uno está trabajando está trabajando, y por lo tanto hace muchas concesiones en cuanto a lo que significa el universo laboral. Yo tuve la suerte de haber trabajado siempre en cosas más o menos ligadas de alguna manera a mi propio deseo, pero cuando era muy joven trabajaba en empresas que hacían, qué sé yo, auditorías impositivas. Y la verdad es que yo no podía manifestar lo que pienso de los impuestos, de la Pepsi-Cola… Estoy laburando. Digo, trato de no hacer nada que avergüence a mis hijos después, eso es como un límite, pero por lo demás… Entonces, luego, si la gente ve cosas horribles, está bien, me hago cargo. No seguí haciendo lo mismo, con lo cual…

 

EI: No. No es un juicio, señalábamos que es una marca de época fuerte.

DL:  No no, está bien. Inclusive vos me podes decir, ustedes acá eran re radicales de mierda, no sé entiende cómo. Y sí, pero no es porque yo fuera radical, nunca voté a los radicales ni mucho menos. Pero en ese momento era un proyecto que estaba más dentro de la órbita de lo que podía llegar a ser una visión del país republicano, que de una visión de un país movimentista peronista, eso desde ya. Yo sigo teniendo amigos radicales que consideran que el peronismo es el mal absoluto, y me cago de la risa de ellos y les digo que alucinan, y a veces yo mismo me pongo en la misma posición, me pongo re gorila, qué sé yo.

 

EI: Creo que el peronismo no aparece mencionado en toda la revista.

DL:  Puede ser, puede ser. Una palabra prohibida. En relación con el peronismo, a mí el peronismo me parece un poco totalitario discursivamente. En este sentido: la identidad política argentina es peronista. Lo digo siempre. Ya sea porque uno adhiere al peronismo o porque uno está en contra del peronismo. Coincide totalmente, políticamente no hay fuera del peronismo. Uno está con o en contra.

 

EI: Ya lo dijo Perón.

DL:  Bueno, eso me parece que es un rasgo discursivamente totalitario. Con lo cual, yo siempre he tratado de construir espacios en los cuales eso no se discuta. Discutamos cosas, pero sin involucrar al peronismo de manera evidente o inmediata. Yo no soy totalmente gorila, siento que hay cosas del peronismo que están muy bien y hay cosas del peronismo que están mal. Depende de mi estado de ánimo y depende de las bestialidades que hagan los peronistas uno se pone más crispado o menos crispado. No sé, te pasa. Hay días que ves la televisión y decís no lo puedo creer, y otros días te cagás de risa, aplaudís y decís qué bien la hicieron. Pero, de todos modos me parece que, tanto en la universidad como en los medios, debería ser posible pensar más allá del peronismo, pensar como si el peronismo no fuera el principio rector. Tal vez sea como una hipótesis de ficción más bien. Aunque, por el contrario, mis ficciones son como más peronistas. Yo no podría pensar un proyecto ficcional desgarrado de lo que es la mitología peronista. Pero en términos de discusión o de debate debería ser posible.

 

EI: Cuando sale la revista hacen una presentación a la que asisten Piglia y Noé, entre otros. ¿Hacía eventos de esa índole, como para estar presentes o generar debates?

DL:  No. Sí se hacían las presentaciones de películas. Después se participó en la carpa blanca de manera muy activa, se regalaron revistas a docentes y asistentes a la marcha blanca. (Mientras hojea la revista.)  Se regalaron mil colecciones de la revista, obviamente sobrantes que no las íbamos a tirar. Esto no me acuerdo a quién se le ocurrió pero me pareció que estaba bien. Supongo que se le habrá ocurrido a Kovensky. En fin, y del otro lado Kenzo. Pero esto a nosotros nos divertía, a nosotros nos divertía, nos parecía que era simpático. Porque, digo, vuelve como frívolo esto, y lo vuelve raro. No sé, insisto, por ahí no controlábamos bien los efectos de discurso y eso hoy se puede leer con mayor irritación que entonces. Pero, volviendo al tema, el problema es que si yo me refiero a generar debates, obviamente no llamaría a Piglia que es una persona que no puede debatir porque no entra dentro de su horizonte la condición del debate. Eso era más bien un padrinazgo.

 

EI: Una cosa que llama la atención es la insistencia en la defensa de la cultura y la educación que aparece sobre todo en los editoriales. Se repite lo de “sin escuela no hay cultura”.

DL:  Sí. Yo tengo siempre frente a la educación una posición de maestra rural. Más allá de la desconfianza que uno puede depositar sobre los aparatos escolares –que es legítima– en países arrasados como la Argentina, creo que es el “abc” a retomar. Sobre todo porque las políticas educativas tienen como una inercia de veinte años. Es sabido que la gente que se formó en la escuela primaria y la secundaria durante la dictadura permanece más o menos con la cabeza quemada durante varios años. Aparte era todavía la época del amargo sabor que nos había dejado el congreso pedagógico radical, que fue un fiasco histórico monumental. Y después el menemismo como la barbarie, en fin, como lo que fue.

 

EI: A mí igual lo que me llamaba la atención era el aparato teórico que aparece, aunque solapado, mucho en los comentarios de libros. En el mismo número en que regalan colecciones de la revista en la carpa blanca, y que titulan el editorial “Sin escuela no hay cultura”, en la nota que escribís vos sobre best-sellers, que es sobre “géneros”, escribís “También es cierto que el arte es cada vez más prescindible, acaso innecesario”. Digo: esto que viene de la teoría del fin del arte, etc, y está muy presente como modo de leer en Magazín, y que reaparece en otras tantas revistas de la época (la conciencia del fin del arte, del fracaso de la vanguardia)...

DL:  Son dos cosas distintas, igual, porque una cosa es defender los valores pedagógicos ligados al libro, la posibilidad de formar ciudadanía, y otra cosa es pensar en la eficacia del arte de vanguardia, o en los artistas. Los artistas de vanguardia para mí son personas que... Me parece que eso ya fue. Y eso te lo defiendo, y que el que sigue sosteniendo algún tipo de ilusión al respecto... Me escribían hoy unos chicos a propósito de mi columna de opinión del sábado pasado en Perfil sobre Ciudad Abierta, me decían que lo que se hizo demostró que “la televisión podía ser un género artístico por sí mismo”. Palabras textuales. Y yo lo que dije es que no sé, no se puede hablar de algo que nadie vio. Ahora bien, si vos pensás que la televisión puede ser un género artístico por sí mismo y esa es tu hipótesis de política cultural, eso es ingenuidad, o religión. En todo caso, no sirve para nada. Entonces, son dos cosas bien...para mí son dos esferas de actuación bien distintas. Una estética que tiene que ver con un malestar interior a lo que se podría considerar arte, y la posición del artista, y la idea de no intervención y la idea de la autonomía, y todo esa cosa asquerosa que muchos escritores defienden, incluso artistas. Y otro es la idea de que alfabetizar hay que alfabetizar, y después enseñar a desconfiar de lo que se leyó y blablabla, pero eso no se puede obviar, y una persona con una mínima formación intelectual tiene más anticuerpos para funcionar que una persona que no los tiene.

 

EI:  A mí lo que me parecía interesante es que son muchas veces dos discursos que aparecen como separados, que no se piensan el uno al otro. En el ámbito académico se piensa sólo en uno...
DL:  Pensá que también yo venía de hacer libros de texto. Que está bien, de los libros de texto te podría haber dicho que también respondían a una determinada demanda, pero son libros que hice porque quise y cómo quise. Yo tengo una fe importante en la escuela, en términos de eso: crear las condiciones posibles para evitar las desigualdades. Es decir: la gente no va a hacer la revolución si no tiene ni idea qué significa la palabra “revolución”. No es que yo piense que haya que hacer la revolución, siquiera, no es que defienda eso, pero si de eso se trata, mínimamente hay que enseñar eso, y después se verá. Yo soy docente de formación, y he trabajado de eso durante muchos años de mi vida, y al mismo tiempo puedo seguir defendiendo la dimisión de lo que sería la autocomplacencia del rol, así de intelectual, de escritor, o de artista, así como esa postura mayor. En fin.

 

(Mientras hablamos vamos hojeando los números de la revista. En este momento justo aparece un número de Magazín correspondiente a la entrega de premios de novela de la editorial Planeta que ganó Piglia, en medio de dudas que posteriormente llevaron a una resolución judicial en su contra. La retirada de tapa es una publicidad de la editorial, anunciando la novela premiada: Plata quemada. En las páginas 3 y 4 se publica una galería de fotos de la entrega de premios, donde mediante el titulado, el collage y el trabajo sobre las imágenes, comienzan a ser denunciadas las irregularidades del caso: bajo el título de “Se entregó el controvertido premio Planeta”, se publica una foto donde se borra el cheque gigante que recibe Piglia y se lo sobreescribe con un “Esas cosas no se hacen”)

 

EI:  Esto es muy bueno...

DL:  Bueno, esto fue... Nosotros sabíamos lo que había pasado con el premio, y no podíamos decir con munición gruesa lo que había pasado con el premio, porque justo me habían puesto la retiración de tapa, y esto lo habían pagado de verdad. Entonces hicimos esto, pusimos en el bochornoso cheque gigante “Esas cosas no se hacen”. Y esto fue al toque, antes de que lo levantaran después los de Tres puntos. Pero bueno, eso que te decía: se puede ejercer cierta crítica con el tono frívolo, haciéndose el idiota. “El controvertido premio Planeta”, etc.

 

EI:  Todo lo que comentábamos de la percepción del estado de la cultura...
DL:  Catastrófico...

 

EI:  Nosotros trabajando sobre varias revistas, esta percepción aparece como si fuera un premisa desde donde se escriben varias de las revistas: está todo mal...

DL: Bueno, la cultura... yo viví un poco los setenta. Los sesenta era muy chico, pero de los setenta tengo memoria, y de los ochenta también. No sé: El porteño. Yo tengo la colección completa de El porteño, y la verdad que era una revista...bueno Babel era en principio una extensión de El porteño, una revista publicada por la misma gente, y por algo El porteño las dos veces que intentó volver a salir, no pudo seguir saliendo. Ahí la dictadura operó de manera muy muy eficaz, anulando posibilidades de poder articular pensamiento –entre comillas- “masivo” sobre la cultura. Entonces sí, hay como un lamento que no me extraña que lo lean, porque nosotros éramos muy pesimistas, en ese momento ya bien entrada la década del noventa. Después del 89, toda la hipótesis sobre el funcionamiento de la democracia había caído. Curiosamente, yo nunca fui muy lector de revistas. Y eso en general nos pasa a mucha gente que hacemos revistas. Nadie sabe muy bien por qué alguien tendría ganas de leer una revista, salvo las que son de identidad. La única que yo recuerdo haber comprado y leído y que fue importante en mi vida y que por eso la guardo, más allá de estas revistas identitarias, es El porteño, pero otras no, entonces no tengo mucha idea de lo que se dejaba leer contemporáneamente a que hacíamos Magazín. Además de que, obviamente, lo último que hubiera tenido ganas de hacer cuando hacía una revista era ponerme a leer otras.

 

EI: Los dossiers, al menos leyéndola desde ahora, son como ilegibles en algún punto.

DL: Son, sí, como imposibles.

 

EI: Uno ve la parte de libros y la puede pensar, pensar algo. Pero los dossiers que sacaban...hay como una descolocación ahí, están como incrustados.

DL:Yo creo que el problema del dossier, como género,en general es que una revista puede conseguirlo o no, pero en todo caso tiene una relación con el presente. El dossier no, es atemporal. Y la verdad que un dossier sobre Lacan, qué sé yo. Bueno, lo de Lacan era obviamente para venderle la revista a los psicoanalistas. Un dossier sobre Foucault, creo, hubo en el número 0. Los dossiers como género, yo no sé.

 

EI: Podría ser un momento de intervención que parece como desaprovechado. Cuando es un lugar de intervención fuerte, no sé, en Diario de Poesía, funcionan bien. En Paredón y después, una revista de Mar del Plata en la que estaba Ana Porrúa, Fabiola Aldana y varios otros, cuando empiezan a trabajar con dossiers, encuentran un camino más potente.

DL: Puede ser, a mí no, digo: ¿por qué hacerlo en un dossier y no en la revista? Como concepto no la entiendo la idea de dossier. Diario de Poesía es una revista que nunca pude leer, es una revista que ni sé qué contiene. Debo tener algún número perdido por ahí, pero no es una revista que haya entendido alguna vez. Pero Babel también tenía dossier y nunca me pareció que funcionara, aún cuando escribí en varios.

 

EI: Creo que pueden ser un motor de discusiones, posibilitan abrir un eje de pensamiento. Así funciona muy bien en Paredón, por ejemplo. No sé, en elinterpretador, por ejemplo, cuando trabajamos dossiers es para inventar una zona, o rearmar alguna...

DL: Pasa que el dossier propiamente es como una cosa, como una separata, ¿no?, por eso te digo. Si funciona bien, es eso. No es, qué se yo, cuatro páginas destinadas a profundizar un tema de discusión. Eso no es propiamente un dossier...

 

EI: No, no necesariamente un dossier como separata...

DL:...por eso el dossier es algo que no termino de entender en una publicación periódica. No sé: en el  Billiken no había.  Aunque yo era más de Anteojito, me parece, cuando era chico, que del Billiken. No importa, igual, es una apreciación absolutamente personal. Y el Diario, no sé, qué sé yo. Nunca me llevé bien...

 

EI: Tiene momentos que son muy interesantes.

DL: Puede ser, puede ser. Es como lo que me pasa con Ciudad Abierta, son cosas que no conozco y sobre las que no puedo abrir juicio, y me parece injusto entonces que diga que están bien o mal. El Diario nunca me interesó y no es una revista que haya podido seguir. Me parece que solamente Babel y El porteño han sobrevivido a todas las catástrofes. Pero si tenés ganas te busco Los periodistas.

 

EI: Podría ser tema de un próximo dossier.

 

(Daniel Link va a otra habitación y trae una colección de revistas viejas: El periodista, Los periodistas, El porteño)

DL: Bueno, este es el original, El periodista, y Los periodistas es ésta.

 

EI: ¿Entre qué años salió?

DL: (mirando los números, enumera:) 1989, julio, agosto, septiembre del 89, octubre del 89, noviembre del 89, noviembre, noviembre del 89. Enero del 90, enero, febrero del 90, mayo, junio, julio...  Sí, comienzos de los 90.

 

EI: Convive con Babel. ¿Quiénes estaban?

DL:(mirando un ejemplar) ¿Quiénes estaban? Estaban Hernán López Echagüe, Gabriela Borgna, Ulises Muschietti, Oscar González, Daniel Vilá, Verónica Rímuli, Gustavo Veiga.

 

EI: (en la página abierta se ve que Ediciones de la Flor tiene una publicidad en la tercer página de un número de Los Periodistas) Ediciones de la Flor debe ser la editorial que más publicidad puso en revistas históricamente.

DL: Sí. Yo trabajé en La Flor muchos años, y Daniel (Divinsky) me enseñó eso: si hay que pagar una publicidad en un suplemento es imposible, pero si uno publica cien avisos en revistuchas, a la larga es mejor. O por lo menos garantiza cierta visibilidad.

 

EI: Siempre ponen, además, adecuadas a la revista, no son siempre el mismo institucional. En V de Vian, siempre tienen el tono de la revista. En magazín también pone...

DL: A ver quiénes más estaban...(Daniel vuelve a sobrevolar con la mirada los ejemplares de Los periodistas) Vicente Muleiro, Gabriela Borgna ya te dije, Hernán Ferreirós, Martín Kovensky también estaba. Acá hace una entrevista Paula Rodríguez que no recuerdo quién era. ¿Ves?, acá hay una contratapa sobre Benjamin, que hicimos… Ah, Juan Di Natale, también estaba, Gustavo Alvarez Núñez, que fueron a parar a Los Inrocks, rápidamente. Mirá, este lo tengo doble, les puedo regalar una. Yo aprendí a editar acá, porque eran cosas muy cortas.

 

EI: Y mientras sacaban Magazin, vos estabas en la facultad, dando clases, ¿no?

DL: Sí, siempre, nunca dejé eso, es mi parte de jubilado, ¿viste? No, a mí me gusta dar clases, no tengo ese discurso antiacadémico: yo estudio, me hace pensar, me parece que está bien. Y aparte, es eso, es seguro. Hay y hubo mil crisis y el docente sobrevive a todo. Es un gremio bien colocado, una tarea de la cual la sociedad no puede prescindir, pese a todo.

 

EI: Y en editoriales, ahí ya no estabas trabajando.

DL: No, no, ahí ya no.

 

EI: Lo de La Marca fue anterior.

DL: Sí, La Marca fue anterior, a fines de los ochenta. Yo estuve en La Flor muchos años, y me fui de La Flor porque me había sacado beca de Conicet, me parece, que me aburrió muy rápidamente. Y entonces ahí empecé a inventar cositas como lo de La Marca. Después salió esto de Los periodistas, y Babel, pero en Babel sólo escribía, no implicó un gran aprendizaje profesional.

 

EI: Y Los periodistas te formó más en el periodismo cultural.

DL: Sí, había que elegir, armar sumarios, había que editar, sobre todo. Editar es una tarea dificilísima, y yo aprendí eso en Los periodistas.

Por supuesto que yo escribí reseñas, antes, en la dictadura, desde el 80 en adelante empecé a publicar reseñas en medios, pero recién en esa época fue que conseguí aprender. Además de que bueno, que hubieran confiado en mí...yo creo que era porque no había plata. Entonces, como no había plata, confiaban en cualquiera y casi no me pagaban, o me pagaban lo mismo que una colaboración. Esos momentos a veces tienen esa grandeza: permitirte hacer como una pasantía de lujo. Y aprendí mucho. Aparte, era una revista quincenal, que es lo peor del mundo. Porque semanal te quema la cabeza; mensual es lo más cómodo, y al mismo tiempo lo menos atractivo; y quincenal es imposible. No había forma de armar agenda, porque la información no circula para el período de quince días. El periodista era semanal, pero no había plata para eso. Y Los periodistas dejó de salir no porque le fuera mal, que no le iba tan mal, sino por el juicio, que impidió que siga. Pasa que no era sólo el nombre lo que se copiaba, sino todo el diseño. Si uno se pone en capitalista siniestro, era imposible que ese juicio no prosperara.

 

EI: El recuerdo que te queda de Magazín, también, entonces, es un proyecto que pudo haber sido.

DL: Sí, yo, o sea, un buen recuerdo. Digo porque allí también aprendí cosas, ¿no?, y uno piensa todo lo que pudo haber funcionado mejor y en qué medida eso dependía de la capacidad de uno o no. Qué se yo. Yo te diría hoy que Página/12...en fin, no le diría a nadie “ah, ojalá...!”. La verdad que me quemó la cabeza, pero también aprendí muchísimo. Yo evalúo siempre los lugares en los que participé en términos de eso, lo que me enseñaron profesionalmente. Y yo te digo: salí de Los periodistas, salí de Magazín, salí de Página/12 sabiendo una cantidad de cosas que antes no sabía, por lo cual, más allá de cómo hayan terminado, valieron la pena.

Después, qué sé yo, a mí me sorprende mucho cuando me vienen a hacer entrevistas por Magazín literario, porque duró muy poco, entonces el impacto que tuvo Magazín no fue muy alto, no pudo haber sido muy alto, así haya sido la revista más genial. Suponete, aparte lo hemos hablado, cuando ustedes empezaron con elinterpretador, también tenían problemas, que no se entendía el tono, que no eran jugados, o eran respetuosos, en fin, lo hemos hablado. Pero eso pasa siempre al principio, hasta que encontrás el tono, encontrás la manera de relacionarte con tus lectores, encontrás el espectro exacto de colaboradores, temas y puntos que te interesan reivindicar, bueno, necesitás un tiempo. Y después el crecimiento. Pasan de hacer la revista mensualmente, y ahora que actualizan, ¿qué son, tres meses ahora?

 

EI: Tres meses, sí, aproximadamente.

DL: Digo, es la lógica de todo proyecto que no tiene subsidio, que no es un proyecto que pueda descansar en las arcas públicas. Y luego, bueno, supone una inversión de tiempo, digo, más allá del rédito. Qué sé yo, el blog. Yo pude realmente hacer el blog que a mí más me divertía hacer. Lo pude hacer porque tenía la beca de Página/12,  sin la beca de Página/12 yo no puedo darme el lujo de perder el tiempo escribiendo estupideces para alimentar mi blog. Así que eso también se lo agradezco a Página/12.

 

EI: ¿En qué año te fuiste de Página?

DL: En Página, yo terminé... debe haber sido en el 2003, o 2004. Me parece que 2004.

 

EI: Varios años...

DL: Fueron siete años, sí, y nadie daba un centavo por mí. Beatriz Sarlo siempre me decía “no vas a aguantar ni un mes”, y yo cada seis meses le decía “¿Viste, Beatriz, que sí, viste?”. Digo, se dieron una serie de circunstancias que funcionaron a favor de que me pudiera quedar en Página. Eramos todos antimenemistas: no se puede menemista, no hay manera de pensar nada bueno del menemismo. Por un lado eso. Además estaba Juan Forn, que es un tipo con el que yo siempre trabajé muy bien, en Planeta también. Y luego porque yo tenía ideas. También es cierto que cuando a uno se le empiezan a acabar las ideas, eso se nota. Y llega un punto en que la verdad que después de siete años, tener una tapa semanal es como difícil. Es difícil si no tenés que repetir, porque después empiezan las repeticiones. Todo cumple su ciclo. Pensá, el tema del dossier, en este caso no es un dossier, sino la tapa, que en este caso funciona en algún sentido como “el problema” y la verdad que no hay tantas. No sé, 7 por 52 semanas, qué se yo, es como pensar... De hecho, lo que veo es que se repite. Cuando leo los titulares, ahora pienso “ya lo hice, ya lo hice, ya lo hice”. No podés hacer otra tapa de Sábato, porque ya está hecha. Digo: y por supuesto que cuando lo hacen distintas personas, eso enriquece el abanico de posibilidades. Ahora, yo no podría hacer otra tapa distinta de la que ya hice.

Ahora, bueno, con unos amigos queremos hacer un evento sobre