Hola,
chiris queriditos. Bienvenidos a una mañana de mi vida. Hoy viajaremos
con el Hombre del Casco Azul, ese soy yo. Y ésta es mi bicicleta,
una playera negra que compré en Coto a 30 pesos y conoce todos
los estacionamientos del mundo. A ella un día le vamos a hacer
un reportaje, pero no habla si no tiene las gomas bien infladas. ¡Es
turra y tiene freno a contrapedal! Es bien del palo de nosotros, siempre
a contrapedal como nuestras vidas en contra de todos y sobretodo de
nosotros mismos. 5 de la mañana, verano, me pongo una remera
y en la mochila pongo mi pechera verde, me fijo que esté la credencial
los documentos y la libreta sanitaria, sino no entrás a reponer
en ningún Coto. Bueno, vamos siganmé que no los voy a
robar. ¡Siempre quise preguntarle esto a mis lectores: cómo
se sienten del otro lado de la página, cuentenmé un poquito,
cómo dibujan en sus cabecitas las imágenes e historias
de mi vida! ¡Cómo me gustaría estar en sus cabecitas
mientras van garabateando en la materia gris las cosas que les cuento!
Es como si yo entrara en ustedes y de repente, ustedes entraran también
en mi vida. La lectura es una travesura cómplice, esta página
es el nacimiento de una hermandad de ustedes conmigo y con ellos y ojalá
con el mundo! Acepto este lado de la acción y cuento como puedo,
como me va surgiendo, a los tumbos y con todas las tonteras por delante.
Salgamos con mi bici a la calle y nos dirigimos al primer Coto que hay
que “atender”. Imaginensé que son muñequitos
y van pegados a mi casco azul, hay que imaginar algo así, porque
en la bicicleta no entramos todos, ¿o saben qué? mejor
piensen que son las calcomonías que siempre pego en mi casco
azul. Un día, cuando deje este trabajo y pueda hacer algo mejor
(a veces pienso que no hay nada mejor). Bueno, ese día, voy a
sortear mi casco azul de repositor entre todos mis amigos. Nada mas
paa que todos se sientan repositores alguna vez. 5.30, hoy ustedes son
los mejores repositores del mundo, porque van conmigo, un repositor
con humanidad, amor y buena onda, que es lo que falta en el mundo. ¡Vamos
muchachos! Pedaleo, el corazón me acelera y ya estoy llegando
por Mitre hasta Once. De repente, chas, nos encontramos con las luces
de la Plaza Once que la cruzamos en bicicleta en dos segundos. ¿Más
despacio? Quieren contemplar el panorama. Ockey, esos son los borrachitos
cumbianteros de latino Once, ese vaso gigante con cerveza chorreando
es el cartelón de la Chevecha. A su alredor hay telos, telos
y telos. Ecuador del 1 al 100 es la calle de los telos, como la calle
Rojas o Yerbal en Flores. Ya llegamos al Coto, desde la Playa de Estacionamiento,
respiren el aire puro de la mañana, miren desde acá mientras
encadeno la bici, las gigantescas góndolas, qué naves,
qué maquinas de la perfección humana. La góndola.
Ella nos da un lugar de pertenencia. Góndolas, las hay de todos
los tamaños con todas las cosas que se imaginan y las que nunca
vieron, por ejemplo los nuevos patitos de agua que vienen con las pilas
everedy de regalo promocional. Muchos veces las promociones son mejores
que el producto. Góndolas, gondolas, gondolas, mírenlas,
hijas mías, hermanas y primas, como me encantaría ser
un robot de pija de fierro pa embambinarmelas a todas que es lo que
les falta para ser mejores que la mejor vedettes... Una vez pasado el
control policial, crede, libreta, cara afeitada, nos dirijimos al depósito
a cargar un palet con mercaderías para la góndola. Mal
hecho! Nunca se baja al depósito antes de mirar la góndola.
Primero se mira la góndola para saber lo que hace falta reponer.
Pero yo soy Gardel del Casco Verde, soy el Hombre de La Pelota no se
Mancha de la Pechera Verde. Acá, mes las sé todas, hasta
las cosas que la gente saca de la góndola, sé. ¡Bajemos
nomás al depo muchachos, que están con un experto!
Repositor
interno creído jefe, un poco buch del encargado (siempre hay
uno por góndola en todos los supermercados).
-Vega,
qué hacés hablando con tu casco, ¿estás
loco?
-Pará
cabeza, no te vayas de boca, que le estoy dando instrucciones.
(En
estos casos la violencia y la cortada de rostro es fundamental para
seguir viviendo)
-¿Instrucciones
a quién, cabeza?
-A
la concha de tu tía, gil, qué te importa.
Tampoco
le voy a andar dando tantas explicaciones a un negrito cualquiera. ¿Cómo
entendería que ustedes mis lectores, viajan conmigo en mi casco?
Cargamos
las distintas mercas que tiene la góndola, llenamos un sprite
con agua pa pasarle un poco a las chapas y subimos con el palet hasta
las manos, lo que podrían hacer es empujarme un poquito el palet
para que no sea tan pesado. Ya que están. 5.45. En la repo los
minutos valen mucho y pasan como rayos. Tenemos 45 minutos más
para dejar la góndola impecable y rajar hacia otro super. Primero,
apoyamos el palet cerca de la góndola, a la zorra elevadora la
trabamos debajo del palet para que nadie se accidente. Bajamos la merca
al piso y frenteamos los productos que quedaron en la góndola;
atrás ponemos lo nuevo, cosa que salga primero lo viejo. Colocamos
bien los precios, los cartelitos de oferta, las promociones, los cartelitos
de los combos. Si por un motivo nos falta un producto lo anotamos, y
el lugar de ese producto lo llenamos distribuyéndolo con otras
mercaderías. ¡Nunca dejemos un hueco vacío en la
góndola por nada! La góndola siempre tiene que estar rebalsante
de merca, limpia, los precios bien puestos. Nos fijamos de no poner
un producto vencido o un paquete roto o con gorgojos, pasa mucho con
los arroces, las lentejas y los fideos. Ponemos las cajas vacías
en el palet y las mandamos a la compactadora de cartones, si hay nailones
los separamos y los ponemos en la compactadora de nailones. La zorra
la dejamos en el sector donde “descansan las zorras”. Les
digo algo, la zorra es el bien más preciado en el supermercado,
sin ella no podemos hacer nada de nada. Rajamos para el otro super,
¡no!, antes controlemos por última vez que no falte ni
un precio, si falta alguno lo ponemos. Si falta un producto se lo dejamos
anotado al encargado, nunca vayan personalmente porque te agarra para
cargar cualquier góndola.
Rajemos.
-Vega,
Veguita, venga pa aca negrito de mi corazón!
La
puta madre me vio el encargado, me hago que no escucho y rajo antes
que me mande a reponer cualquier cosa. Mañana me verá
hoy estoy con visitas, che.
Siempre
hay que salir corriendo, escaparse de los Cotos sino no te vas más.
Esperen que desato la bici y vamos al Coto Boedo, el próximo.
Anduvimos bien son 6.35. Agarramos por Rivadavia hasta Castro Barros.
Adiós Chevecha querida y telos del Once, sus luces encienden
mi alegría!
Bajamos
por Castro Barros donde hay otro Coto del que ya les hablaré...
Tres pedaleos secos y Castro se vuelve Boedo y ya estamos en Estados
Unidos. Coto Boedo. Entremos a ver qué pasa. Antes les digo que
acá hay que reponer rápido sí o sí, así
tenemos tiempo de subir a desayunar tranquilos. ¿Están
cómodos en mi casco? Corremos hacia el depósito, cargamos
un palet enorme y lo ponemos en la góndola. Está destruída,
nos va a llevar un par de horas mínimo reponerla. Saco el bestia
repositor que tengo adentro y le doy con todo, abro cajas y cajas, mando
paquetes y paquetes, limpio, estantes, ayudenmé lectores, así
subimos a desayunar tranquis... Pumb, umb, pumb, listo el pollo, la
góndola queda pipicúcu llena de mercaderías hasta
las manos. Tenemos 15 minutos subamos al comedor y desayunamos algo
rápido. Agarren lo que quieran leche, chocolate, mate cocido,
café, café con leche, té con leche. ¡Esta
parte es la mejor del Coto! Medialunas, budincitos, manteca, mendicrim.
Glub, Glub, glub, repitan taza si quieren. Ustedes, lectorcitos tienen
más hambre que Robinsón Crussoe. 10 de la mañana.
Estamos atrasados todavía nos queda uno, el más grande.
Coto Honduras de Palermo. Vamos, bajamos por la calle Maza que se convierte
en Salguero y de ahí hasta Honduras, derecho el viaje. El café
con leche nos da vuelta en la panza. ¿Van bien, en el casco azul?
Se dieron cuenta que no me saqué el casco ni para comer, es que
si te lo sacás te pueden echar, es una reglamentación
municipal. Padaleamos y ya entramos en Palermo Carriego. ¡Hola,
Palermo Cheto Puto y Holliwood! Antes de entrar les digo, acá
con pies de plomo, sin decir ni a, son todos muy botones y controladores
al máximo. Acá antes de ir al docki hay que ir a la góndola
sí o si, porque nunca se sabe lo que falta. Siempre entrar e
ir a la góndola es complicado porque en el salón te ven
todos y te empiezan a mandar para que traigas otras cosas... Cosas que
ellos no quieren traer para no bajar al depósito, ¡porque
son vagos! Acá están las cajeras más fuertes del
Planeta Tierra. Te embobás mirándolas o mirando a las
clientes que se vienen en shorcito ojotas y corpiño suelto como
si vinieran de la playa o estuvieran en Mar del Plata. ¡Putas!
Bajan de tomar sol en la terraza de sus casotas. 10.30 de la mañana
todas las locas tomando sol y viniendo a comprar su Gatoraide o su villavicencio.
¡Putas, ojalá el sol las mate!
-¡Baggio!
(somos nosotros, acá te llaman por la marca que reponés)
Qué carajo hacés hablando solo, pajuerano. ¡Vení
pa acá ya mismo!
Es
el encargado de la sección. Se cansa de echar repositores externos
y a mí me viene buscando la vuelta... Pero... yo soy Gardel del
Casco Azul. YO me las Sé todas. Yo repose para el neoliberalismo
argentino, década del 90 en Carreforu no se olviden, repuse para
el menemismo, para el dualdhismo, yo viví, cogí, cumbiantié,
reponí, comí, para el neoliberalismo hasta que me echaron
del Carre por no afeitarme y ahora estoy de repo externo para la firma
Baggio. Un encargado no me puede enseñar nada. Un encargado salteño
o jujeño, o paraguayo, no me puede enseñar ni el color
de la Puna, porque yo me patié y me morfé todo en la década
trágica cuando muchos estaban en pañales.
-¿Qué
pasa, jefecito? ¿Qué necesita?
-Traeme
50 bolsas de harina y armate una puntera que sale de oferta esta noche.
-Sí,
señor.
A
todos les digo que sí, es fundamental, lo importante en la vida
es decir sí a todo. Lo único que vale la pena es decir
sí, sí, señor. Pero cuando se da vuelta ya estoy
firmando mi retirada del super. 14.00 en punto. Nos vamos muchachos,
esto es el supermercadismo argentino, no se olviden de controlar los
precios, que no falte ningún producto y menos que menos una oferta,
fijensé en los vencidos y la góndola siempre impecable,
como un espejo. ¡Ya está sigan con sus vidas! Gracias por
venir.
-¡Vega!
Washington
Cucurto