continúa...
Estaba
descansado muy pancho en el piso porque hay veces que el abismo
me chupa lo más cerca que puede y me tocaba la substantia del
higo y el yogurth de la batata cuando en medio de la música y
los búhos que me fisuraban escucho en mi cabeza la voz de un
lungo malsano que me grita a través de los agujeritos encefálicos
y me dice levantate, conejo, y yo no puedo responder y prefiero tirarme
por el tobogán más abajo y dormirme la siesta postergada,
pero el personaje insiste con su melodía, que levantate conejo,
que despertate Jael, que tenemos trabajo cabeza de avestruz, y ¡la
reconcha de tu vieja la petera, dejame dormir, camello hijo de puta!
No me obligues a entrar, Jael. ¿Entrar a dónde? Entonces
percibo el vadimonium y una suerte de aplicación subcutánea
en la espalda que me quema la sangre y me parte en pedazos y me agarra
el extranjero polimorfo y el obiratio y me levanto como un tiro y acercándome
a la ventana que da al patio intento buscar aunque no sé bien
de qué se trata esta cosa y me empiezo a marear y cabeza me duele
la y mierda pasa qué y ahogo y muerte y me deshago y me entrego
y la oscuridad me hace parte suya.
En
el chupador de la nox me deslizaba infinitamente y la trompa de falopio
me absorbía y yo me resistía un poco pero era en vano
y el largo pasillo me lanzaba al infierno y yo hacía mi fuerza
contraria pero era en vano y estaba llegando a la densa niebla y yo
no quería estar ahí pero era en vano y no sentía
frío ni sentía calor y casi no tenía sentidos salvo
un instinto de mono entre el occipital y el parietal y por eso percibía
que alguien me estaba mirando pero no podía darme vuelta y lo
intentaba pero era en vano y el sueño me masticaba y me tragaba.
De
la niebla apareció un camello uniformado y sin explicaciones
me obligó a cavar un pozo en la tierra desértica y en
vano cualquier cosa porque no podía accionar mi voluntad y sin
remedio tuve que hacer de catastus en la plaza de aquel sueño
mal parido y con esfuerzo inevitable empecé a manejar la pala
y el pico hasta que profundamente encontré una caja, mi cara
generaba el líquido amarillento y el irroro manaba su fiebre
por mi cuerpo, y entonces levanto los ojos y descubro que el camello
ya no estaba solo y que una tropilla entera me apuntaba y me pedía
la caja y qué ganas de meterles el puñal en el esófago
pero me habían quitado el control de mis músculos y las
larvas me piden la caja y entonces me agarra un irrefrenable deseo de
abrirla pero la patota se pone recalesca y se viene encima y me gritan
qué carajo estás pensando, danos la caja cerrada y se
las tengo que dar y ellos se van y yo me quedo solo en el pozo con el
pico y la pala.
De
pronto sentí que mi cuerpo volvía y como el sueño
tenía lugar para más, decidí saltar del pozo y
caminar unos metros con las herramientas y así estuve un rato
y todo parecía una eternidad y los metros eran kilómetros
pero en un momento vislumbré un lugar apropiado con tierra rojiza
y me dije voy a cavar mi pozo y a encontrar mi caja y entonces le di
con fuerza al pico y casi me quedo sin brazo porque la tierra era tan
dura que reboté como goma y me dolía hasta la pulpa y
menos mal que sonó el teléfono en el living de mi casa
y pude despertarme del infierno y lentamente me incorporé, abrí
la puerta, atravesé el patio, entré al otro lado de la
casa y atendí y dije hable y una voz conocida me contestó
qué hacés Jael.
¿Estás
ahí? ¿Decime algo? ¿Cómo estás, Quijote?
Contestame, ¿qué te pasa? ¿Me escuchás?
¿Y? ¿Me vas a contestar o no? ¿Me escuchás?
Soy Roque, decime algo... Hola, le contesté. ¿Dónde
estuviste todo este tiempo, te llamé un montón de veces
y nunca me atendés? ¿Te pasa algo? ¿Estás
bien? Sí, le contesté. Escuchame, los artistas están
preparando una exposición circunstancial con intervalos para
el decachinno, van a estar todos, tenemos que ir, es en el bar de Florio,
me contaron que van a mostrar una pintura inédita de la vieja,
imaginate lo que puede ser eso, algunos dicen que es impresionista,
otros que es expresionista, que tiene una cara y un paisaje y no sé
qué mierda más, tenés que venir, Quijote, va a
estar bueno el avispero, ¿qué decís? No sé,
le contesté. ¡Dale, por favor, imaginate la pintura de
la vieja, no te la podés perder, cabrón, ¿qué
decís?
—¿Cuándo?
—Hoy a la noche. ¿Venís?
—Bueno.
—¡Ok! Te paso a buscar a las nueve; nos vemos, amigo.
Salí
al patio y me senté un rato en el piso, al lado de la maceta
de los malvones rojos, y me sentía mal, con panza, con cabeza
y con estado rationalis incipiente, menos mal que encontré una
laguna y recordé unos pedazos de la chica gótica tomándome
la nuca y cantando “¿estás bien?” con su boquita
nocturna, pero el charco se secaba y otra vez me agarraba el malestar
y el collabasco y tenía ganas de romperme y quemarme ilimitadamente,
pero me pareció sentir una cosquilla en el codo derecho que me
sirvió de atenuante y entonces me doy vuelta despacito y descubro
las patas marinas de mi perro Ayax y levanto la mirada y sus ojos son
grandes y le digo qué pasa lechuza y el chabón me pide
comida y le digo ahora te traigo y entonces me levanto y empiezo a caminar
hacia la cocina junto a mi acompañante que me quiere morder los
cordones y juntos entonamos selvas hasta el fin salen esta vez a penetrar
en los jardines.
Después
de la comida y la dedolentia volví al patio a mirar hacia atrás
y apenas me senté, vi el brillo descalzo de una luz sibilante
encima de la baldosa roja de mi abuela y entonces me agarró la
melancolía inversa y la verdad que me dejé llevar, un
poco por curiosidad, un poco por aburrimiento, y cantando vuelve del
cuento feroz su sombra está por seguir, de pronto me pareció
escuchar click e instantáneamente mis músculos se endurecieron
y todo fue rígido, el mundo se quedó sin viento y perpetuo,
anonadado, sin aire, sin olor, sin vejez y sin muerte, sin vida y sin
muerte, y yo era la sal, era la arena de la playa de una foto, de una
playa de baldosas cuadradas rojas y amarillas de un patio.
Lentamente
y con esfuerzo volví a poner los dedos en el enchufe y entonces
el nervio radial se conectó en el canal de torsión del
húmero y la arteria humeral se puso recalesca como el Carcarañá
y se bañaban todos los pantanos y todos los tendones y los vastos
externos e internos y el tríceps se puso polimorfo y la cosa
seguía y no paraba y la foto se puso cinética y ya parecía
una película y el troquín y el troquíter y la misma
cabeza humeral se prendieron a la turbina y cada vez faltaba menos y
me esforzaba y cerraba los ojos para concentrarme pero todavía
no podía moverme aunque la corriente estaba llegando a los cables
amarillos gracias a la venas que se abrían otra vez y la cefálica
y la basílica se recargaron completamente y los cables amarillos
pasaban al naranja y las venas satélites abrieron la válvula
y el nervio mediano pasaba al violeta y la marea no se detenía
y el musculocutaneo y el branquial anterior y el bíceps y derivaban
las funciones y las variables se ponían constantes y explotaban
los vectores fuerza y mi brazo por fin despedazaba la foto y se alargaba
y la mano se abría y se cerraba y se hundía en la arena
del patio y me parece que agarré el camioncito de plástico
que me regaló mi papá.
Se
prendieron todas las luces y se encendieron las máquinas y los
artefactos y la memoria se llenó de canales y me parecía
sentir la masilla del relleno que le puse al camioncito y la caja todavía
transportaba el cargamento de bolitas lecheras y japonesas y mi mamá
me llamaba porque estaba lista la comida pero claramente pude ver que
la guerra de soldaditos no me daba respiro y el interfectio se volvía
más intenso y en la llanura los tanques producían fatiscos
sonoros y la matanza no tenía límites y los cadáveres
se contaban por millares y mientras los americanos planeaban un ataque
sorpresa en la costa noreste, las bases antiaéreas que los aliados
instalaron cerca de las macetas del sur estaban siendo atacadas ferozmente
por decenas de Stukas, que soltaban eficientemente sus bombas de masilla,
y hacían estragos sobre las vías del ferrocarril y las
pistas del escaletri, provocando la scissura que buscaban para dejar
aislada a la ciudad, y en otra parte sin requies una bomba cayó
en el puente sobre la rejilla del desagüe y la Luftwaffe puso todo
lo que tenía y destruyó el radar inglés montado
sobre la canilla de la piletita, pero la RAF ocultaba otro radar sobre
la banqueta y parecía que en consecuencia la batalla daba un
giro, pero mi mamá insistía la vociferatio de la comida
y los bandos tuvieron que acordar una tregua y la Segunda Guerra Mundial
se detuvo.
continuará...
©Juan
Diego Incardona