Hace
un tiempo fui con mi sobrina a una entrega de premios. A la
nena le gustan esas cosas. Es una petisita muy entretenida y con muchos
intereses, un poco por los padres que tiene, viste. Y sí, qué
voy a hacer mi hermano es un bohemio, y la mujer, ni hablar. En medio
de ese clima, la chiquita es bastante organizada, pero tiene como una
debilidad por los eventos sociales, cuánto más culturosos
mejor. Tiene menos de una docena de años y ahí la ves
muy oronda, totalmente comprometida con la escena. La llevo a muchos
lados, un poco por eso y otro poco porque como yo soy sola, es una compañía
al fin y al cabo. Además, con ella no tengo que dar explicaciones
de nada, puedo vestirme como quiero, hablar con quien quiero y seguir
siendo muy correctamente “la Tía Ana”. Así
que bueno, como te venía contando, en una de esas salidas fuimos
a la entrega de los premios Clarín. Sí, sí, esos
premios para novelistas. Tengo un par de amigos que andan en esa, bah,
un amante para qué te lo voy a negar. Cuestión que este
caballero nos cedió muy gentilmente invitaciones para que fuésemos
con Luly. La gorda estaba divina, con unas sandalitas de charol, espectacular.
Viste que las chicas ahora son super modernas, estaba regia, con una
pollerita de esas que están de moda, con vuelito, y tul y todas
esas cosas, refemenina. Estaba, como decirte, radiante. Además
sabía que algo raro había con mi “amigo, el de las
entradas”, y qué querés que te diga, para mí
ella ya se está avivando de cómo viene la mano y las intrigas
amorosas le gustan tanto como las obras de teatro, así que estaba
fascinada con la idea de conocerlo. Bueno, la cosa es que nos caemos
ahí, las dos de la manito. Llegamos y el clima estaba ideal,
las mozas ¡divinas! con un estilo impecable, ayudando a la alcoholización
general desde el primer momento. Sabés que es fundamental para
una cosa así estar un poquito alegre, porque si no es realmente
tedioso. La nena no sé cómo hace pobre, porque obviamente,
solamente un sorbito de champán y listo, que si se la devuelvo
borracha a la madre me mata. Y.. no estaría bien, ¿no?.
Te decía, copita de champán, pasa un ratito, charlamos
con un par de amigos, todos tan eruditos con sus trabajos elegantes
y tan creativos. No te creas que no había señoras de vestido
con sus respectivos maridos, de esas que viven a la vuelta del Museo.
Sí, sí, fue ahí en Alcorta. Y sí, dónde
querés que lo organice Ernestina, mínimo ahí, claro.
La cosa es que me fui cruzando con pila de conocidos, algunos artistas
que son más amigos de mi hermano y mi cuñada pero que
igual me conocen, y a mí me encanta hablar con todo el mundo,
así que me quedé comentando obras y algunas saliditas
que había estado haciendo por el extranjero hasta que llegó
el momento de entrar a la sala. Te digo que me impactó el tema
de las promotoras. Las habían vestido con unos vestiditos negros
ajustadísimos, largos, por supuesto. La decoración, sobria:
mucho rojo, mucho negro. Y ¡Ernestina! Está irreconocible,
te digo que se la pasó hablando de autonomía, independencia
y no sé qué más. Ahora yo digo, esta mujer está
con Alzheimer, ¿no?. Ojo, que me dijeron que algo de eso hay.
Marta me lo dijo, pero bueno, igual fue tan obvio que estaba acomodándose
al discurso de Néstor que te digo fue insoportable. Yo la he
visto a ella años atrás y te digo que la palabra “país”
no entraba pero ni por las tapas en sus charlas. En fin. La cuestión
es que se sucedieron los discursos y los agradecimientos y a mí
se me pasaba el efecto espumante, Luly se empezaba a aburrir y yo veía
que de mi amigo ni noticias. La “ceremonia” se me empezó
a volver intolerable. Así que le digo a Luly “¿nena,
nos vamos al cine?” y en eso me doy cuenta de que ya está
terminando todo, así que decidimos aguantar un poco más.
Le dieron el premio a la ganadora, que por suerte habló poquísimo
y ya después venía el lunch que a esa altura ya estábamos
esperando. Bueno, para qué te cuento, es-pec-ta-cu-lar, jamoncito
crudo, melón, pancitos, quesito. Te digo que a veces pienso,
¿me habré equivocado yo y esto de los escritores era un
curro buenísimo?. Lulita estaba excitadísima, corría
por entre la gente, muy pizpireta ganándose los saludos de todos.
Te digo que un poco la envidié, porque se llevó todas
las miradas y charló con muchísima gente. Como RRPP la
gorda es bárbara. Yo decidí que ni iba a leer el libro
de la ganadora y cuando estuve al borde de no poder manejar por mi nivel
etílico, le di la mano otra vez a mi sobrinita predilecta y nos
fuimos por Alcorta a casa, las ventanillas abiertas y el vientito pegándonos
en la cara. La verdad, no hay como una salida de tía y sobrina...
¡lo pasamos bárbaro!.
©La
tía Ana